Desayunos con la Torre

Fernando Molezún A CORUÑA/LA VOZ.

A CORUÑA

Este coruñés guarda en su casa, a la luz del faro, un sinfín de recuerdos relacionados con una de sus pasiones: el trofeo de fútbol Teresa Herrera

26 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

«Aquí desayuno yo cada día, acompañado por la Torre. ¿Soy o no soy afortunado?», pregunta Eladio Muiños desde la terraza de su casa, con unas privilegiadas vistas al faro. Y es que este coruñés «por los cuatro costados», como se define, forma parte ya del paisaje de esta zona de Monte Alto en la que lleva residiendo unos cuantos años: «Llegamos aquí en el 36, con la Guerra. Aunque nacer, nací en la calle Orzán, en la cuesta de la mula», aclara. Pero cuando apenas contaba con diez años llegó una mudanza obligada: «A mi padre lo encarcelaron al empezar la Guerra. Y nos tuvimos que refugiar aquí. Recuerdo como cada día bajaba con mi madre hasta la cárcel para llevarle comida a mi padre. Era todo campo y había una corredoira... Todo esto ha cambiado mucho».

Trabajó en la fábrica de gafas Parmur y en Emesa, y una vez jubilado fundó y presidió la peña deportivista O Tizón, desde donde comenzó a desarrollar una nueva faceta, la de la organización de exposiciones deportivas: «Comencé con la de fútbol modesto, que no le hacemos al deporte base el caso que merece. Y después llegó la oportunidad de hacer la del 50 aniversario del Teresa Herrera». Reunió un sinfín de información y parafernalia sobre el torneo veraniego, que Eladio siempre quiso guardar en un museo: «Paradojas de la vida, fue precisamente en la cárcel donde estuvo mi padre donde le propuse a Francisco Vázquez y a Javier Losada establecer un museo compartido para la Torre y el Teresa Herrera».

Su pasión por este trofeo le ha llevado a reunir en su casa un pequeño museo particular referente al mismo y a preocuparse por su situación actual: «Es penoso, no se está llevando bien. Antes nos poníamos a trabajar con meses de antelación para que viniese el Real Madrid y equipos de primer orden. Lendoiro no le dedica el esfuerzo que merece un trofeo que es del Ayuntamiento y, por lo tanto, de los coruñeses. Y los resultados se ven en la grada», sentencia este estudioso del balompié.

Son estas las grandes ilusiones de su vida, en las que trabajó «día tras día y hasta altas horas de la mañana sin cobrar un duro», mientras su mujer, fallecida hace dos años, se cuestionaba la salud mental de su marido: «Me decía que estaba loco, pero me ayudó muchísimo en todo», afirma este enérgico octogenario que asegura no querer pedirse todavía «las vacaciones definitivas».