La editorial Morgante recupera las memorias del betanceiro Rogelio Borondo, que visitó Europa con los famosos benefactores
24 jun 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Mientras los hermanos García Naveira bautizan cada rincón de Betanzos y se vuelven inmortales con una estatua alzada en el epicentro de la localidad, un libro acaba de rescatar la figura de otro ilustre betanceiro cuya obra pasó todo el siglo XX cubierta de polvo y ostracismo en los sótanos de los archivos. Pero el profesor de la Universidad de Santiago Manolo Gago buceó a través del Anuario Brigantino y se topó con el curioso tomo firmado por Rogelio Borondo en 1899 y titulado Memoria dunha viaxe improvisada . Ahora acaba de ver la luz gracias a la editorial de Cangas do Morrazo llamada Morgante, que eligió al coruñés Xoel Ben Ramos para elaborar el perfil biográfico de Borondo y al periodista Xesús Fraga como prologuista. Mañana a las ocho y media de la tarde la librería Donín de Betanzos celebrará una presentación de este curioso libro de redacción enciclopédica.
Borondo narra su viaje por Francia, Suiza e Italia en compañía de los hermanos García Naveira, describiendo templos y costumbres a modo de un dietario itinerante. El libro vio la luz en 1899 tras un viaje de tres meses en el que juntos recorrieron ciudades como París, Basilea, Lucerna, Milán, Génova, Venecia, Florencia, Roma, el Vaticano, Nápoles o Pisa. «Discutiuse moito por saber se esta torre sería construída coa inclinación que ten ou se tomaría esta figura por efecto do tempo, pouca solidez dos seus cimentos ou do azar», escribe Rogelio Borondo sobre la famosa torre inclinada.
Antes de ese viaje, el autor del libro había labrado su fortuna en Argentina, en los campos de la Patagonia. «Tiña que durmir coa pistola baixo a amofada polo perigo dos indíxenas», señala Xoel, quien recopiló la biografía de Borondo gracias a varias e intensas conversaciones con los nietos del emigrante.
Una vieja edición
Pero la bisnieta del autor, Belén Villuendas, conserva una joya de este viaje hecho libro. En su casa guarda como oro en paño la primera edición salida de una imprenta betanceira en el año 1900. Y no es un ejemplar cualquiera. Está forrado con un papel cuyas letras exteriores del título a mano fueron escritas por el propio Borondo. En la primera página, el detalle más valioso, una dedicatoria a su esposa, Heleodora Sánchez, quien le daría siete hijos. Salpicado en el interior, este ejemplar exhibe numerosas postales, compradas por el propio autor mientras conocía Europa de la mano de los García Naveira. «Yo ya estuve en Francia en un par de ocasiones -dice Belén Villuendas-, pero quién me diera repetir el viaje que hizo mi bisabuelo».