Platos llenos de comida y respeto

La Cocina Económica ofrece desde 1886 sustento a quien lo pida gracias a la colaboración de la sociedad civil coruñesa y sin depender de las subvenciones


A Coruña/la voz.

En la Cocina Económica huele más a respeto por el necesitado que a comida. Y es que la forma de tratar a alguien que necesita ayuda es más importante que la clase de alimento que se le ofrece. Aun así hay que aclarar que el olor y el sabor del menú del día es excelente. Las más de seiscientas personas que cada jornada atraviesan las puertas de una institución que funciona los 365 días del año para desayunar, comer o utilizar su servicio de aseo integral dan fe de ello. Así ha sido desde el 1 de mayo de 1886, cuando Antonio Lens fundó una institución que ahora preside el maestro de periodistas Alberto Martí, desde el fallecimiento el año pasado de Fernando Suárez, alma máter de una institución en la que empezó a trabajar en 1939, y que a lo largo de su historia reciente ha tenido como cabezas visibles a filántropos como Luis Rodríguez Lago o Andrés Vilariño.

Lo de visible cuando se habla del presidente no es un tópico en la Cocina Económica. Y es que una de las primeras cosas que explican el grupo de personas que trabajan desinteresadamente en la gestión de la institución es que el único que debe representar públicamente al centro es el presidente. Ni quieren que se les cite ni aparecer en las fotos. «Así evitamos que se sume gente que tenga algún interés diferente a lo que simplemente sea ayudar a los demás. No queremos a personas que busquen un reconocimiento social por su labor. Para representarnos está el presidente, que siempre es una persona de reconocido prestigio en la ciudad», explica el secretario, uno de estos directivos que no quiere imágenes y que se apoya en el trabajo incansable de gestores como Óscar Castro y Francisco Lojo.

Servicio de aseo integral

Otra de las características que marcan el particular estilo de la Cocina Económica es su alergia a las subvenciones públicas. Hasta hace cuatro años nunca habían recibido dinero procedente del erario público, y solo cuando construyeron el servicio de aseo integral en el 2006 -que sirve para que los usuarios del centro realicen su higiene personal y de vestimenta- aceptaron una subvención que solo alcanzó al 10% de los 800.000 euros que invirtieron en la adquisición del local y su equipamiento. En lo que respecta a los gastos de funcionamiento solo reciben ayudas como la del Ayuntamiento, que oscila entre los 6.000 y los 8.000 euros anuales, y posiblemente este año puedan ser beneficiarios de alguna pequeña partida de la Diputación provincial. Pero la norma pasa por no vivir de unas subvenciones que podrían ser pan para hoy y hambre para mañana. «Si acabas dependiendo de las ayudas públicas podría ser que algún año que hubiese recortes en el gasto público nos encontrásemos con problemas. Preferimos que sea la sociedad civil coruñesa la que aporte el dinero», explican desde la junta de gobierno.

Utilidad pública

La Cocina Económica cuenta desde hace tres años con la ventaja de haber sido declarada de utilidad pública, lo que permite que los donantes desgraven en su declaración de hacienda esta ayuda. Las cuentas en la entidad están, además, auditadas.

El pulmón ciudadano

Los ciudadanos de a pie son el pulmón de la institución. Un par de horas en la oficina de la junta de gobierno bastan para contemplar el desfile de personas que vienen a dejar su aportación en metálico entre sonrisas. La aportación de estos socios colaboradores, a la que luego hay que sumar los donativos puntuales, superó en el último presupuesto los 200.000 euros, que significó un aumento del 60% respecto al año anterior. Esta mayor recaudación fue debida a la campaña de actualización de cuotas que llevó a cabo la institución. Había descendientes de colaboradores que seguían con las cuotas de sus antepasados por inercia, lo que provocaba que existiesen aportaciones dentro de las cuentas de 60 céntimos. Pero la Cocina Económica no solo piensa en ese presente marcado por un sistema de funcionamiento que no le permite cerrar ningún día del año. Los proyectos de futuro de la junta de gobierno pasan por la construcción de un albergue, que sirviese para que la gente que acude al centro a comer y que luego duerme en la calle tuviese un lugar donde refugiarse.

También persiguen la posibilidad de abrir lo que la junta de gobierno llama una sala de estar, que serviría para que los usuarios del centro no pasasen todo el día en la calle. «Hay gente que viene aquí, por ejemplo, que es una gran aficionada a la lectura y no tienen dónde disfrutar de eso. No hay que pensar que es un servicio solo para gente marginal», explican.

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