Compañía hasta el final

R. Domínguez A CORUÑA/LA VOZ.

A CORUÑA

Un voluntario de Fonseca cuenta el día a día en el Sanatorio de Oza en el congreso de cuidados paliativos

01 jun 2010 . Actualizado a las 11:47 h.

«Nuestra misión es, sobre todo, hacer compañía y estar atentos a posibles situaciones de desamparo», comenta Salvador Ponte Freire, uno de los seis voluntarios de Fonseca que cubren vacíos en el Sanatorio Marítimo de Oza. Allí, los enfermos de cuidados continuos y paliativos son su principal foco de atención, ya que no suelen pasar por el hospital solo unos días. «Hay personas que están años», asegura este hombre de 37 años que se volcó con esta iniciativa «de casualidad». Un llamamiento llegado vía e-mail le animó a presentarse a la entrevista. «Soy auxiliar de clínica, aunque nunca he ejercido», explica el voluntario, que ajusta sus visitas a los enfermos en función de los turnos en su puesto de la Guardia Civil».

La experiencia y el trabajo de los voluntarios, presentes en Oza desde antes incluso de que se inaugurase el nuevo hospital, hace ya 18 años, fue dada a conocer a la comunidad científica en el reciente congreso de cuidados paliativos celebrado en la ciudad, a través de una ponencia presentada por Ponte.

«Solo expuse cómo es el día a día de un voluntario», indica. Pero también les transmitió las vivencias en un lugar donde puede verse la entrega de familiares durmiendo durante meses en una silla a la cabecera de sus enfermos, o la soledad del que llega al final sin una mano a la que agarrarse. De los pacientes, «cada vez hay más muy jóvenes», advierte, recogen también auténticos ejemplos de entereza y superación.

La compañía que ofrecen, de acuerdo con las necesidades de los pacientes y bajo la coordinación de la supervisora, reconforta también a las familias. «Suelen agradecerlo», indica Salvador. Escuchar, a enfermos y familias, constituye gran parte de su labor altruista, pero también se esfuerzan por ofrecer distracciones a estancias muy largas, a menudo las últimas, otras veces muy traumáticas y donde el cáncer es un inquilino habitual. Talleres de música, de manualidades, de canto, paseos, alguna visita de un personaje popular o incluso una sesión de peluquería... tratan de entretener y distraer angustias. «Estamos pensando más cosas, nos gustaría hacer algo con caballos, aprovechando el jardín que tenemos aquí, con la Fundación Amancio Ortega, y también algún tipo de actividad con los perros de la Guardia Civil».

Para todo ello, Ponte hace un llamamiento a la implicación, institucional y personal: «Ahora mismo estamos desbordados, necesitamos gente», afirma. Los números dan una idea: «En Voluntariado Fonseca éramos 82 personas y ahora somos 40», dice antes de resumir los requisitos: «Cualquiera puede ser voluntario, solo hay que proponérselo».