Dos operarios subían un frigorífico por la escalera y una vecina se quejaba de la falta de agua, mientras Marina, en su nuevo piso de Eirís, vacío, era ayer pura felicidad
29 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.En uno de los nuevos pisos de Eirís, entregados el pasado jueves por la Xunta, la felicidad era tal en la mañana de ayer que su nueva inquilina necesitaba asomarse a la ventana, desde la que saludaba cariñosamente. Decían sus hijas, María José y Lola, que el apellido de su madre, Marina, había cambiado. «Hoy es La Feliz, Marina la Feliz», bromeaban. En realidad es Álvarez Muñiz, y justificaba su satisfacción: «Es que hasta ahora yo estaba viviendo en el Agra del Orzán, en un quinto sin ascensor, y mira este», explicaba eufórica mientras mostraba las distintas estancias de uno de los pisos del bajo y reconocía problemas como que la encimera que les han dejado en la cocina «está baja y no caben debajo los electrodomésticos».
Con algún problema también se encontraron Manuel y Juan, «unos profesionales -bromeaba uno de ellos-, que por algo llevamos 33 años en El Corte Inglés», cuando llegaron al portal de las nuevas viviendas con un frigorífico. «No funcionan los ascensores», les indicaba Antonio, pariente de los nuevos inquilinos de uno de los pisos del primero, al que iba dicho electrodoméstico. Total, que los dos empleados tuvieron que subirlo por la escalera.
Autorizaciones en el 2008
En medio del ajetreo, los parientes de Antonio mostraban varios papeles oficiales, como los boletines dando el visto bueno a las instalaciones de agua y electricidad y fechados, respectivamente, el 16 de octubre de 2008 y el 24 de junio del mismo año, mientras que la autorización del gas era del año anterior, es decir, casi tres años antes de la entrega a los inquilinos. Antes de irse -«tengo reunión en el cole de la nena»-, la nueva inquilina apuntaba que los electrodomésticos no entran debajo de la encimera «porque la dejaron muy baja». Su marido apuntaba que levantarla y colocarla de nuevo «cuesta unos 500 euros».
«Parece que hay un problema de una fuga de agua en el garaje y por eso no la tenemos», apuntaba en el quinto Guadalupe Rodríguez. Mientras Victoria Lojo y Carlos Lea, de la firma Merkamueble de A Coruña, tomaban medidas, Guadalupe explicaba que estaban pagando más de 600 euros de alquiler «y aquí pagaremos unos 120; esto va en función de la declaración de la renta de cuando hicimos las solicitudes», detallaba en presencia de su amiga Olga Gil.
A pesar de la satisfacción por su nueva vivienda, Guadalupe apuntaba una serie de problemas con los que se estaban encontrando, como eran que los trasteros «no abren» o que la rotura de una tubería en el garaje «nos dejó sin agua; dicen que ahora por la mañana lo dejarán listo, pero por el momento sigue igual».
Otros vecinos eran más críticos con la falta de servicios o detalles estéticos como «las rejas esas oxidadas, que ya podían haberlas quitado, o cortar el césped». Lo cierto es que cerca del portal se amontonaba un montón de hierba recién cortada, al lado de dicha reja. Una vecina relataba que en la mañana de ayer había intentado formalizar el contrato del agua, «pero me dijeron que no se podía, porque hacía falta un papel como de habitabilidad o algo así; estos políticos son un rollo, solo quieren salir en la foto», rosmaba la mujer.