Mientras la calle Barcelona ha entrado en un período de decadencia por los problemas de aparcamiento y el envejecimiento poblacional, el Orzán confía en que la ausencia de coches suponga un cambio histórico
18 may 2010 . Actualizado a las 11:54 h.Los negocios de la calle Barcelona respiran pesimismo. Aunque su reciente remodelación parecía invitar a un renacimiento, el cambio de elementos como el pavimento, la iluminación o los tubos del subsuelo no pueden ocultar una decadencia que tiene sus raíces en problemas estructurales difíciles de resolver. La escasez de aparcamiento, el envejecimiento de los vecinos y un aumento de inmigrantes que no tienen el consumo entre sus prioridades han provocado que los comerciantes hayan sufrido bajadas de ventas de hasta el 50% en su facturación. La crisis y la apertura de centros comerciales -que garantizan aparcamiento gratis y cobijo contra la lluvia- han sido las puntillas más recientes de una calle Barcelona que hasta hace un lustro era considerada una milla de oro para los negocios.
«Aquí se llegaron a pedir 6.000 euros por metro cuadrado por algunos locales comerciales», explica el responsable de la Librería Papyro. «Cuando nosotros abrimos hace trece años comenzó una época de esplendor. No había bajos libres, pero las últimas obras de la calle y los centros comerciales han acabado con nosotros», añade María José Taboada, propietaria de la joyería Platino 21. «La juventud es la que mueve las tiendas y ahora ya no viene a la calle Barcelona. La zona ha perdido muchas tiendas de calidad, y han sido sustituidas por establecimientos como los chinos, que abren los siete días de la semana a todas horas, algo que no me parece normal, porque las normas deberían ser para todos iguales», explica María José. La misma visión negativa comparte Mari Carmen, dependienta en la tienda de ropa Carlota, que habla de la caída en picado de unas ventas que no paran de bajar desde el 2008: «La gente joven se va de la calle Barcelona cuando se casan y salen de casa de sus padres. A eso súmale que en esta zona es muy difícil aparcar, y que los inmigrantes que han venido compran poco».
Esperanza Viña, que trabaja en la tienda de su familia Tarabela, es uno de esos jóvenes que han nacido en el barrio pero que han acabado fijando su residencia en otra zona de la ciudad. «Se ha perdido el ambiente que había hace años en la calle Barcelona, sobre todo la gente joven. De cinco años hasta ahora el público ha cambiado totalmente. Ten en cuenta, por ejemplo, que en la calle Barcelona un sábado por la tarde cierra todo el mundo. Ahora no es un sitio al que la gente venga a pasear desde otros lugares de la ciudad».
La dificultad de aparcamiento es una las grandes rémoras que el visitante se encuentra a la hora de acceder a la calle Barcelona. Solo un pequeño párking en la ronda de Outeiro ofrece lugares para dejar el coche de manera rápida. Y quizá sea uno de los motivos por el que varias de las marcas agrupadas en Inditex y otros establecimientos de referencia hayan abandonado la calle Barcelona durante los últimos años.
La reforma de las Conchiñas
José Manuel Martínez, presidente de la asociación de comerciantes, recuerda cómo uno de los proyectos que pudo cambiar para siempre la zona no llegó a cuajar. Fue hace unos ocho años, cuando la asociación de comerciantes realizó una propuesta -con maqueta incluida- de redefinir la plaza de las Conchiñas. La iniciativa pasaba por construir un aparcamiento subterráneo que aliviase el sempiterno problema de aparcamiento, y remodelar la superficie. El ejemplo más cercano a lo que habría sido es la actual plaza de Lugo. «Se frustró porque la asociación de vecinos se puso en contra porque decían que la obra quitaría la zona verde durante un tiempo», explica Martínez. La asociación de comerciantes también se muestra disconforme con varias de las novedades urbanísticas que ha supuesto la remodelación de la calle Barcelona. Martínez empieza por señalar un pavimento que con lluvia se vuelve resbaladizo. «Cuando el Ayuntamiento nos consultó sobre el proyecto inicial el suelo llevaba otro material, pero luego se encontraron con que los tubos subterráneos de agua estaban en muy mal estado, y cambiarlos se llevó una gran parte del presupuesto». Las farolas, con un arco muy corto que no alumbra la calle suficientemente, los árboles de hoja caduca que ensucian la calle o un escaso mantenimiento son otras de las carencias de una calle que se inauguró el pasado diciembre. Respecto a la bajada de ventas, Martínez concluye que el pequeño comercio coruñés debe, simplemente, replantearse su futuro. «No hay soluciones mágicas», apostilla.