En las paredes de un aula que en su día fue un parvulario y ahora es local de catequesis el artista pintó elementos didácticos que reclaman una mejor conservación
14 may 2010 . Actualizado a las 02:00 h.A mediados de los años sesenta, Urbano Lugrís se fue a vivir a una pensión de Vilaboa, en Culleredo. Como legado de su estancia durante más de un año, en la iglesia parroquial se conservan tres cuadros y en este caso la expresión conservan se puede emplear en toda su extensión, puesto que están en buen estado. No ocurre lo mismo con otro curioso legado que el bohemio artista dejó en un local anexo al templo, un espacio que en su día fue un parvulario y ahora se utiliza como local para la catequesis. Sobre las paredes de este espacio, el artista dejó un colorista abecedario, un grupo de cuerpos geométricos (cubo, cilindro, cono y esfera), un estrellado trozo de cielo con los planetas y sus nombres del sistema solar, una mujer con el traje tradicional gallego o un grupo de animales exóticos. Todo ello tiene un claro objetivo didáctico y hasta es posible imaginarse, viendo la pizarra ahora usada para las clases de catecismo, cómo serían entonces las clases en esta aula.
El párroco, Celestino López, apunta que este legado artístico no está bien conservado y en la tarde de ayer indicaba que debería ser «Bellas Artes o alguna institución de ese tipo la que se hiciera cargo de ellos». Destacaba asimismo que se trata de una obra poco conocida de Lugrís «aunque hay profesoras de Culleredo que vienen con sus alumnos para que los vean e incluso alguno estuvo en esta aula dándoles una clase».
En otra de las pinturas que dejó Lugrís en la pared se puede ver un par de críos adorando a la Virgen, imagen que, unida a las frases evangélicas que aparecían escritas en la pizarra, confirman el actual uso catequético del aula.
Celestino López insistía en la necesidad de proteger esta obra, una tarea que desde la parroquia no pueden afrontar, y recuerda que fue precisamente un antecesor suyo, José Cardeso Liñares, el que conoció en su día a Lugrís. «No sé dónde se conocieron, pero le pagaba la pensión en la que vivió aquí durante unos dos años», explicaba.
El octogenario sacerdote confirmaba su amistad con un artista que, según recordaba, algunos días «salía de aquí -de Vilaboa- con un cuadro para ir a entregarlo a A Coruña y a veces volvía con el dinero y otras sin él». También detallaba, comprensivo, que así era la forma de ser de su amigo.
Cuadros en el templo
En cuanto a los tres cuadros que se encuentran colgados en el interior del templo, son de los pocos del artista de una temática religiosa y en los mismos aparece una alegoría del bautismo de Cristo, otra escena del nacimiento y una tercera de la crucifixión en el Calvario. «Estos cuadros ya estuvieron en tres exposiciones que hubo en Santiago, Ferrol y A Coruña y para las que se los prestamos sin cobrarles nada», detallaba el sacerdote. De todos modos, el paso por dichas exposiciones fue beneficioso para estos lienzos, ya que, indica el párroco, «les puse como única condición que los enmarcaran». Antes eran unos lienzos sin cuadro, los tres fechados en el año 1964, con números romanos al lado de la firma, y ahora colocados en los brazos del interior del templo. Así como la obra de Lugrís que está en la mencionada aula, el párroco aceptaría que fuera trasladada a un museo «donde se pueda conservar bien», los cuadros de la iglesia «esos sí que no se mueven de aquí, ni pensarlo».