Clara Pena, la mujer que se encontró mal en el aeropuerto mientras no se resolvía la cuestión para el pasaje del vuelo VY 8223, fue una de los 29 coruñeses que hicieron el viaje en autobús hasta A Coruña. Fue atendida en el propio aeropuerto Charles de Gaulle por los servicios médicos, que tardaron en llegar pese a que la mujer, que se encontraba mareada, estaba tumbada delante de la puerta de embarque, tapada con abrigos y pedía por su medicación. Con mejor cara y recuperada ya del trago, emprendió el viaje en el bus a A Coruña y cenó con su marido y su hijo en la estación de servicio en donde se hizo una receso para recuperar fuerzas a las diez de la noche. Las cinco paradas realizadas desde París a A Coruña hicieron más liviano el viaje y permitieron a los pasajeros estirar las piernas.
No todos los pasajeros afectados esperaron a que Vueling ofreciera una solución factible para llegar a Galicia. El viaje con niños de unos, la desesperación ante la falta de atención de otros e incluso las propuestas de la firma aérea -calificadas de irrisorias por la mayoría- hicieron que casi la mitad del pasaje se marchara antes de tener que pasar la noche en el aeropuerto. Unos optaron por cambiar los vuelos y otros por alquilar coches. Hubo incluso parejas que se fueron a descansar a un hotel y por la mañana se sumaron a la opción de los autocares.
El accidentado viaje, más allá de los factores negativos, también sirvió para hacer amistades y saber de la solidaridad de las personas ante una situación de crisis, para formar nuevas pandillas e incluso hacer puestas en común con los víveres que cada uno logró, antes de que llegaran los sándwiches con los que obsequió Vueling o el desayuno mañanero.