En el año 2000 el pleno de la corporación municipal aprobó el desarrollo urbanístico del Agra de San Amaro, cerca de la Torre. Dos años después se dio el visto bueno a su estudio de detalle. Y en el 2009, pocos meses antes de que la monumento fuera declarado patrimonio de la humanidad, fue aprobado el documento definitivo: según la ficha recogida en el plan general, el proyecto incluye la construcción de seis bloques de viviendas de diferentes tamaños y alturas, hasta un máximo de ocho plantas. Sorprendentemente, el proyecto superó todos los trámites requeridos, por lo que es legal de pleno derecho. Quizás es que antes no nos tomábamos tan en serio el respeto al patrimonio...
El plan urbanístico resucitó a primeros de este año, cuando saltó la polémica sobre los edificios fuera de ordenación. En una de las decenas de intervenciones políticas que se realizaron esos días, el edil nacionalista Mario López Rico mostró su inquietud porque algún día pudiera ejecutarse y ello alterase no solo la visibilidad del monumento (que ya está bastante alterada), sino su estatus como patrimonio mundial. Sus socios de gobierno intentaron zanjar la cuestión: «Todo puede adaptarse a los requerimientos de la Unesco». Pero la duda permaneció en el aire.
Nada se dijo oficialmente en firme sobre la salida que parece más coherente, y que volvió a plantear esta semana el PP: hacer una permuta de terrenos para que los promotores del polígono puedan llevar a cabo su proyecto en otra zona de la ciudad, sin perder por ello su inversión. El gobierno local dijo ayer que el plan de San Amaro está fuera del ámbito de protección de la Torre, aunque esto, más que tranquilizar, abre otro debate: ¿No será entonces necesario, por el bien de la Torre, ampliar ese ámbito? En una reciente entrevista concedida a La Voz, el padre del plan general, Joan Busquets, dejó las cosas claras sobre esta cuestión: «Tenemos que buscar el sentido inverso al que se estaba llevando a cabo. Hasta ahora era la ciudad la que avanzaba sobre el faro. Ahora hay que renaturalizar el espacio y convertirlo en la fachada más digna de la ciudad». Más verde y menos cemento.
Las palabras de Busquets tienen el aval del alcalde, quien ayer subrayó que la protección de la Torre está garantizada. Pero estas garantías deberían ponerse por escrito. La Torre merece más que una declaración del estilo a la usada en el caso del mural que fue de Lugrís y hoy es el de la vergüenza (por cierto, ¿alguien se lo tomará en serio algún día?). Por ello, es necesario que la posibilidad del cemento, esté planteado más o menos dentro del ámbito de protección, se borre de un plumazo de este PGOM, para que nadie en el futuro que sea tenga la tentación de fraguarlo. Sería el regalo más edificante para el primer aniversario de la distinción de la Unesco. Y eliminaría las dudas nada edificantes que hoy por hoy se plantean.