La acusada de intentar incendiar su edificio alega que se le cayó un cigarro en una garrafa de acetona
A CORUÑA
El fiscal pide para la mujer, con problemas psíquicos, 11 años de prisión
07 abr 2010 . Actualizado a las 10:34 h.La procesada, debido a sus problemas mentales, tenía que tomar hasta cinco medicamentos distintos al día. Pero poco caso le hacía al psiquiatra, pues casi nunca seguía sus recomendaciones y las píldoras las tomaba «de vez en cuando». Por si fuera poco, bebía mucho. Todo eso la llevó a tener problemas con los vecinos. Tanto, que el 8 de diciembre del 2004 estuvo a punto de ocurrir una desgracia. La acusada cogió una garrafa de cinco litros con acetona y, según los residentes, comenzó a verter el líquido por las puertas del quinto piso, para luego prender fuego. Las llamas no se extendieron porque los propios moradores pudieron sofocar el incendio. Por todo ello, el fiscal pide que se condene a la imputada a 11 años de cárcel.
Los vecinos del número 10 de la calle Santa Cecilia, en Monte Alto, llevaban mucho tiempo preocupados por la actitud de la procesada. Uno de ellos contó que era habitual ver su pasillo lleno de velas encendidas. Y que las discusiones con su pareja eran habituales. Precisamente a esa pareja es a quien culpa la procesada de todos sus problemas. Declaró ayer en la sección segunda de la Audiencia Provincial -compareció escoltada por la policía después de que fuera declarada en rebeldía al no presentarse hace un mes al juicio- que en aquellas fechas «estaba muy mal de los nervios por culpa» de su compañero. Pero de ahí a prender fuego al edificio hay un abismo y la procesada negó que quisiera hacer daño a nadie del vecindario. Sobre todo «al del quinto, que era muy bueniño».
La mujer explicó, antes de ser expulsada de la sala por no parar de hablar cuando declaraban sus vecinos, que aquel día salió de su piso, en el segundo, con una garrafa de acetona «sin saber muy bien por qué, porque no sabía lo que hacía». Bajó al portal y luego volvió a subir a su vivienda, pero dice que se desorientó y apareció en el quinto. Decidió entonces encender un cigarro, se apoyó en la pared y la ceniza cayó sobre la garrafa, provocando el incendio. Para la procesada, no pasó más que eso, «un accidente».
Pero los vecinos no lo ven así. Para ellos era una relación imposible. Los residentes estaban convencidos de que algún día podría ocurrir una desgracia. Y el tiempo a punto estuvo de darles la razón. Aseguran que cuando acudieron alarmados por las llamas, la acusada amenazó a una residente con quemarla a ella si no se apartaba. Y a la policía le dijo que a quien quería quemar era a los del tercer piso, no a los del quinto. Pero ayer, la mujer, en una declaración a trompicones y con importantes lagunas de memoria «a causa de la medicación» por sus problemas mentales, juró que no se acordaba de que dijese ni hiciese esas cosas.