Hija de una profesora del Conservatorio Profesional de Danza, la bailarina coruñesa acaba de actuar en Nueva York con el ballet de Ángel Corella
04 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.«No hubo que insistirle, siempre tuvo claro que quería dedicarse a esto», explica Carmen Ponlla, profesora del Conservatorio Profesional de Danza, sobre su hija, Carla López, que acaba de regresar de actuar en el New York City Center con el Corella Ballet Castilla y León, que dirige Ángel Corella. «De hecho, era una niña muy inquieta y solo se quedaba quieta cuando le ponía vídeos de ballet», añade la progenitora, que acompañó a la joven bailarina en su aventura americana: «Ya me gustaría poder estar en cada actuación suya, pero no hay suficientes vacaciones para seguirla en las giras».
La influencia materna es innegable, pero no suficiente para desarrollar una carrera como la de Carla. De hecho, su hermana también hizo ballet de niña, pero lo dejó: «Hay que tener unas aptitudes físicas determinadas y, además, estar dispuesta a sacrificarse mucho. Para llegar a ser profesional debes tener la cabeza muy bien amueblada desde muy joven, porque no es un mundo fácil», cuenta Carmen. Y es que el régimen de ensayos de su hija y sus compromisos profesionales exigen dedicación plena y exclusiva: «Entro a ensayar a las diez y media de la mañana y no salgo hasta las siete, así que es incompatible con pensar hacer otra carrera o casi con cualquier otra cosa», afirma Carla.
De gira por todo el mundo
A pesar de su juventud, la bailarina ha trabajado en el Ballet de la Ópera de Zúrich y con figuras como Víctor Ullate o Carmen Roche, pero dentro de esta formación continua, Carla guarda especial recuerdo de Luciano Gómez: «Estuve con él en el Conservatorio y en buena parte es responsable de que esté donde estoy, ya que me preparó para mis primeros concursos, cuando tenía 12 años», cuenta agradecida. Con 16 años tomó la decisión de irse a Madrid: «Llega ese momento en el que ves que por aquí no hay más referentes. Era muy joven, pero nos apoyábamos entre los compañeros y no te queda otra que madurar de golpe», cuenta sobre sus años con Carmen Roche.
Actualmente vive en Segovia, donde ha visto hecho realidad un sueño de juventud; trabajar con Ángel Corella: «Siempre fue como un ídolo para mí. Íbamos a su tienda de Madrid para hacer guardia en la puerta, por si pasaba por allí. Y aún ahora, cuando estoy entre cajas y sale él al escenario, me cuesta creer que estoy en su compañía», asegura emocionada.
Aprovecha para lanzar un deseo, el de actuar en su ciudad, A Coruña, con el ballet de Corella: «La madre de Ángel es gallega, y sé que tiene ganas de venir y actuar aquí. Para mí sería un sueño». Y seguro que también para los aficionados a la danza de esta ciudad.