Aficionados a la «retroinformática» se reunieron ayer alrededor de un sinfín de consolas y ordenadores de los años ochenta para reivindicar su nostálgica vigencia
28 feb 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Como si se hubiesen montado con Michael J. Fox en un Delorean con su preceptivo condensador de fluzo, los aficionados a las videoconsolas y ordenadores añejos pudieron viajar ayer hacia el pasado a través de un sinfín de aparatos y juegos reunidos por Juan Carlos Sanmiguel y Sergio Modia en el local de la librería Alita, en la ronda de Nelle. Allí se abrió lo que espera convertirse en un punto de encuentro para todos los nostálgicos de videojuegos como el Mario Bros. primigenio, el Space Invaders, el mono Toki o las adaptaciones de películas como los Goonies o Tron: «La intención es preservar la historia de estos pilares del ocio moderno y que esto perdure en el tiempo, que termine convirtiéndose en un museo de la retroinformática y un lugar donde puedan reunirse e intercambiar material los fans», explica Sanmiguel.
En este foro consiguieron reunir ayer ejemplares en perfecto estado de funcionamiento de aquellos ladrillos con botones que cohabitaban junto al televisor en los ochenta, los Commodore 64, Amstrad, ZX Spectrum, Amiga, Atari, MSX o los primeros ejemplares de Nintendo que tan buenos ratos hicieron pasar a varias generaciones de chavales. Y que siguen cumpliendo con su función. Incluso cuentan con un ordenador clónico soviético, con los caracteres del alfabeto cirílico en el teclado: «No podían importar tecnología, así que lo hacían en plan casero, copiando el procesador del Spectrum», explica Modia, toda una autoridad en la materia.
Ayer no solo nostálgicos que pasaban de la treintena -la mayoría- se dieron cita en Alita, sino que muchos niños disfrutaron del sinfín de viejos juegos que allí se habilitaron en los monitores: «Estos ni siquiera habían nacido cuando salió al mercado la consola que están utilizando», apuntaba Sanmiguel señalando a un grupo que se afanaba con una Vectrex de 1982. A pesar de reconocer las limitaciones tecnológicas de estos juegos, los jóvenes parecían asombrados por la novedad: «¡Qué cutres son los gráficos! ¡Es buenísimo!», contestaba uno de ellos sin apartar la mirada del monitor. Y es que, según explican los organizadores, «la falta de medios se suplía con ingenio, y eso hace a los juegos más divertidos. Yo puedo estar más horas delante de uno de estos que de uno en 3D de ahora, no saturan tanto», afirma Modia, coordinador en Galicia de la Asociación de Usuarios de Informática Clásica (AUIC).
También podían encontrarse ayer a la venta juegos, mandos y demás parafernalia informática aparentemente en desuso: «En las tiendas de segunda mano no te recogen estos aparatos, y algunos alcanzan precios considerables en Internet, dependiendo de su estado de conservación, si tienen la caja original... Incluso hay juegos por los que se están pagando 300 euros», advierte Modia.
«Retrocoruña» en junio
No se trata, a la vista está, de algo nuevo. En Madrid, la AUIC lleva 15 años celebrando encuentros similares. El año pasado, Retromadrid, que así se llama el evento, logró reunir a casi 2.000 aficionados a la tecnología añeja y los videojuegos pasados de moda bajo el explicativo lema Entiende el futuro conociendo el pasado.
El coordinador para Galicia de la AUIC ya está preparando un reflejo de la experiencia madrileña que se celebrará en Sada el 3 de junio, que se llamará Retrocoruña. Mientras, cada sábado habrá la posibilidad de acercarse a echar una partida a estos míticos juegos en el local de Alita Cómics, donde nuevas incorporaciones no tardarán en llegar a este peculiar museo: «En diez días me llegan las Colecovisión, unas consolas americanas de los ochenta que he encargado a un vendedor por Internet, y un ejemplar de la Acuarius, la consola que había sacado Mattel», cuenta ilusionado Sanmiguel.