Cacerolada en las Atochas para protestar por el derribo de las últimas nueve casas del barrio
A CORUÑA
Varias decenas de vecinos de la zona de las Atochas participaron en la tarde noche de ayer en una cacerolada de protesta por el inicio del derribo de nueve inmuebles de la zona. Según el Ayuntamiento coruñés, las casas constituyen un tapón urbanístico y por lo tanto es necesaria su demolición, mientras que para los manifestantes «o enclave de Atocha Alta ten máis de 700 anos de antigüidade (a Lei do Patrimonio Histórico Español considera patrimonio calquera ben moble ou inmoble de cen ou máis anos de antigüidade)», según un escrito de tres folios distribuido por el barrio. Por ello entendían los manifestantes que lo lógico habría sido recuperar estas edificaciones en lugar de derribarlas para dotar a la zona de una pequeña plaza, según habían anunciado fuentes municipales, un espacio en el que, según los vecinos, «non haberá árbores porque non hai espazo dabondo e na que se ampliarán os viais para facer todos os bloques de vivendas previstos para a zona», apuntaban en el mencionado escrito. «Veu a Policía Nacional e máis a Local», comentaban dos mujeres en uno de los bares de la zona, mientras leían dicho escrito. Y es que durante la cacerolada, tres dotaciones de la Policía Nacional controlaron la misma, además de otras dos con agentes de la Policía Municipal. Estos últimos, según indicaron varios vecinos, «estiveron todo o día, desde que empezaron as obras». Durante la protesta los agentes locales agilizaron el tráfico en la calle de la Torre. Allí, en los momentos en los que cesaba el estruendo de silbatos y potas, los vecinos que pasaban trataban de enterarse de lo que estaba ocurriendo y constatar que no eran unos choqueiros rezagados del martes de Carnaval. Al cierre de las alegaciones Lo que más indignó a los concentrados, según apuntaba a gritos uno de ellos, es que las tareas previas al derribo se llevaran a cabo «hoxe precisamente, cando é o último día para presentar alegacións ao PXOM, que efectivamente se presentaron sobre estas casas e nin agardan resposta: empezan a tiralas». De todos modos, los vecinos reconocían que el derribo de estos nueve inmuebles era algo anunciado desde hace tiempo y que los mismos se encontraban deshabitados e incluso algunos habían sido tapiados para evitar que fueran ocupados. También detallaban que la tarea iniciada era «a retirada de amianto do tellado, según dicían, pero iso é a maneira de camuflar o que están facendo». Argumentaban asimismo que la colocación de las vallas que delimitaban las obras era deficiente y en las mismas «non poñían o cartel de autorización do Concello». En la misma línea criticaban que «os obreiros estaban colgados, sen as mínimas medidas de seguridade». Distintos carteles colocados por el barrio y la calle de la Torre criticaban la demolición, a los responsables de las obras y a una constructora, así como el bajo precio que han recibido los dueños de los inmuebles tras la expropiación de los mismos.