Caos en la apertura del Pórtico de San Andrés

A CORUÑA

La calle Pórtico de San Andrés quedó abierta al tráfico ayer a las 9.05 horas, con 24 horas de retraso, debido a un acto vandálico que estropeo parte del firme y de elementos ornamentales. Y su reapertura no estuvo exenta de polémica, de enfado tanto por parte de conductores como de peatones y de residentes en la zona. El primer problema, y quizás el más molesto, se produjo en el momento en el que varios agentes de la Policía Local retiraban las vallas se seguridad y permitían la circulación rodada por Pórtico de San Andrés. Entre los vehículos que eran desviados por esta calle hacia San Andrés se encontraban los autobuses de transporte escolar de varios centros educativos de la ciudad. Hasta aquí todo parecía normal, incluso se notó una importante descongestión de tráfico en las calles Orzán y Cordelería. Pero el rompecabezas empezó cuando los buses escolares no llegaban a la parada habilitada de forma provisional en la calles Orzán y Cordelería. Los padres de los niños estaban desesperados. Alguno de ellos observó que los autocares bajaban por el Pórtico de San Andrés hacia sus paradas habituales, y las carreras no se hicieron esperar. «Esto es una vergüenza», se quejó María del Mar, una madre que intentaba llegar con sus hijos a la parada de San Andrés. «Tuvieron que ser los propios conductores de los autobuses los que nos avisaran haciendo sonar el claxon y con luces», subrayó Manuel, otro padre. «Yo tuve que avisar al conductor para que no siguiese por Orzán, ya que los niños ya estaban en San Andrés», manifestó Juan Santiago. Y ninguno de ellos sabía de quién era la culpa de esta falta de información y coordinación: «Me imagino que tendría que ser el Ayuntamiento el que avisase a los colegios o a las empresas de los autocares», señalaba Juan Santiago. «Yo lo que sé es que nadie me avisó, y ahora no sé si el bus de mi hijo ya pasó o no», contaba molesta María Isaura. Pero la remodelación y reapertura de Pórtico de San Andrés también fue muy criticada por peatones y vecinos de la zona. Manolo Santos iba a caminar por el paseo marítimo y se paró a tocar una de las columnas de piedra que adornan la calle, y el pilar oscilaba con un sencillo movimiento: «Ya conté cuatro que se mueven. Esto es un peligro. Cada piedra puede pesar 30 o 40 kilos y están a punto de caer. ¿Cómo pueden permitir el paso sin solucionar este problema?, se preguntó. Otros vecinos solicitaron la urgente sujeción de los pilares.