Una herencia muy disputada

A CORUÑA

El hijo de un hombre fallecido en el 2007 sostiene que tres viviendas y dos plazas de garaje que su padre cedió a su pareja le pertenecen. La Justicia le ha dado la razón

16 dic 2009 . Actualizado a las 11:57 h.

Darío García falleció el 3 de enero del 2007. Durante su vida acumuló un importante patrimonio: un piso, dos apartamentos y dos plazas de garaje. Todos estos bienes -ubicados en el número 8 de la calle Alcalde Soto González-, procedían de una permuta cuyo derecho cedió antes de su muerte a la que era su pareja, Celia López. «Di 6.000 euros de entrada y el resto era para pagar en un plazo de 20 años. Aunque, al final, decidió perdonármelo antes de morir», asegura.

Cuando esta se quedó sola se reservó el piso para vivir y alquiló los apartamentos y la plaza de garaje. Pero, mientras todo eso ocurría, el hijo de Darío García, Santiago García, denunció los hechos, pidiendo la nulidad de la venta, reclamando para sí todos los bienes.

La Justicia le ha dado la razón a Santiago García. El lunes la policía judicial accedió a los dos apartamentos, junto con un cerrajero que cambió las cerraduras. Dos parejas que vivían en ellos aseguran que todo les cogió por sorpresa. Se quedaron sin poder entrar a coger ropa, dinero o documentación. Y Celia López, la que había sido su casera durante este tiempo, con el temor de que le ocurra lo mismo a ella. «La jueza anuló la cesión. También me quería echar a la calle y, gracias a mi abogada, dijo que no provisionalmente». «Yo reclamo toda la herencia, incluyendo el piso en el que vive ella», sostiene el hijo del fallecido, representado en el pleito por el abogado Marcos Pascual. «Durante este tiempo tuve que pagar alquileres para vivir -comenta-. Ella tenía que haber advertido a los inquilinos de que iban a ser desalojados, porque ya hace tres meses que tuvo el aviso del juzgado».

Dos versiones

En la disputa, más allá de lo legal, late un fondo moral respecto al fallecido. Según Santiago García, Celia López fue contratada como asistenta por su padre. Pero la cosa fue a mayores: «Mi padre se separó y empezó a salir con ella. Luego, le ayudamos a traer a su familia de Santo Domingo y yo me tuve que ir a trabajar a Tenerife, pensado que lo dejaba en buenas manos».

El hijo asegura que siempre estuvo pendiente de su padre. «Tengo pruebas de las veces que fui al médico con él», dice. También que el padre murió mientras vivía en Tenerife, y que se tuvo que enterar días después por una vecina: «Lo incineraron sin decirme nada, teniendo mi padre un panteón». Celia niega la versión del hijo: «No se ocupó de él. No sabía ni si vivía, ni si moría. Cuidé a Darío con mis hijos, día y noche en el hospital, limpiándolo, afeitándolo y dándole de comer. Y el hijo no aparecía por ningún sitio».