Sus cuarenta metros cuadrados lo convierten, probablemente, en el belén privado más grande de la ciudad y sus más de 400 figuras en el más completo. Dadas las dimensiones y su riqueza de contenidos, si pasean por la calle Posse háganlo con tiempo, porque no se ve en un par de minutos. Está en las oficinas que Promociones Inmobiliarias Conchado SL, Álvarez Conchado y Reysa y Conchado y Asociados SL tienen en dicha calle, un escaparate óptimo con una enorme cristalera en el que mostrar esta magna obra de urbanismo en miniatura.
Su autor, Jesús Luis Cob, sabe del tema. Tanto de belenes como de levantar ciudades, aunque sea con figuras de porcelana. No en vano lleva este aparejador 21 años en la empresa que, por tercer año, cede el bajo de sus oficinas para albergar esta reproducción de la ciudad de Belén. «Cada año vamos mejorando, incluyendo nuevos motivos, complicando los relieves del paisaje, y metiendo las figuras que voy comprando», cuenta este belenista que tardó cuatro días en realizar el montaje: «Pero en jornadas maratonianas y con la ayuda de mi familia». Y es que, sin la complicidad de los suyos, no se entendería tanta pasión: «Tanto mi mujer como mis hijos son unos apasionados del tema. Incluso alguno más que yo», puntualiza Cob. El trabajo es duro: «Cuando lo estás montando prometes que este será el último año, pero a la vista del resultado, cuando ves a todos los niños agolpados en la puerta para verlo, todo esfuerzo se da por bien empleado», asegura el autor.
Las piezas que conforman el belén son obras de insignes artesanos que Cob ha ido comprando en los más de veinte años que lleva de belenista. «Si en vacaciones vamos por el Mediterráneo siempre cae una visita a los talleres y unas cuantas figuras», cuenta. Estas tienen precios que oscilan entre los 20 euros que vale una oveja a los más de 200 en los que se cotizan las que tienen movimiento mecánico. Pero quizás lo que más llame la atención es el nivel de detalle con el que trabaja el aparejador, que le lleva a incluir agua corriente en el río, peces vivos, y una huerta real con lentejas, alubias, garbanzos y cogollos de Tudela, que hay que regar convenientemente cada día.
El autor ya está pensando en el del año que viene: «Más que una afición es un vicio. Una tradición más allá de los motivos religiosos, que es una pena que no cuente con más seguidores por aquí», sentencia Jesús Luis Cob, que en casa tiene, además, el correspondiente árbol de Navidad. Habría que ver la decoración y dimensiones del abeto en cuestión.