«Riki» no estaba tan lejos de casa

A CORUÑA

Los dueños del yaco gris vivieron una ajetreada mañana buscando a su mascota. Tras recibir el aviso de la Policía de Cambre, lo encontraron en una glorieta cercana

10 dic 2009 . Actualizado a las 12:44 h.

Pocas veces un animal tan pequeño provocó una felicidad tan grande. Fernando e Isabel aún estaban somnolientos cuando ayer por la mañana recibieron la llamada de la Policía Local de Cambre. Eran buenas noticias. Su loro Riki , el yaco gris de cola roja desaparecido el domingo había sido visto por una vecina en las inmediaciones del polígono del Espíritu Santo. Fernando asegura que se echó a llorar antes de ir a recorrer la angosta carretera plagada de camiones revisando todos los árboles colindantes.

Desesperados, lograron averiguar el paradero de la vecina que había dado el aviso. Se trataba de María, trabajadora de un centro de día cercano al que acudieron para conocer más detalles de la ubicación del loro. Regresaron ante el árbol exacto, pero Riki ya había cambiado de ubicación. Fernando e Isabel peinaron la zona mientras silbaban la banda sonora de El puente sobre el río Kwai , una de las músicas favoritas del animal. Cuando estaban a punto de regresar a casa en su furgoneta (en cuya parte trasera figuraba una foto del loro y un teléfono de contacto), Fernando recibió la llamada de una vecina, Francisca, que aseguraba que su hijo había visto el loro muy cerca de allí.

El lugar en cuestión era el viejo cruce de Cuatro Caminos de Cambre, donde hoy se dibuja una amplia rotonda. Fernando aparcó cerca y enfiló por una finca creyendo ver a su loro, pero muy pronto unos vecinos lo sacaron de su error. Riki apareció ante ellos agarrado a una alambrada de una de las casas de la rotonda. El pulso de Fernando se aceleró. No sabía cómo cogerlo, por temor a que el loro volviese a alzar el vuelo. Finalmente, entró por la casa y sorprendió al animal por detrás y lo capturó con su propia cazadora. «Gracias, gracias, luego les llamamos y arreglamos», le dijo Fernando a Francisco Mantiñán, el hombre que había descubierto a Riki en la glorieta. «Primero lo descubrí en un árbol delante de la casa y un poco más tarde voló hasta aquí», relató Mantiñán. El loro se resistió en su red hasta el punto de propinar un fuerte picotazo a su dueño. Pero, lejos de sentir dolor, Fernando estaba emocionado. «He recuperado la alegría», confesó el dueño del loro.