Ala altura de la cala de las barcas, cerca de Las Esclavas, un vándalo volteó una madrugada un banco ornamental del paseo marítimo y dobló un arbusto. Quince días después el banco sigue tirado en la acera (ya partido por nuevos vándalos) y nadie ha enderezado el árbol. Llegó el largo puente. Los paseantes pudieron ver un ejemplo sintomático de desidia en el mantenimiento de la ciudad.
Toda la zona donde se encuentra el banco roto puede tomarse como base para un chequeo rápido de la urbe. En menos de 200 metros faltan tres farolas de la balaustrada del paseo marítimo, que se rompieron algún día para no ser repuestas jamás. Un neón hotelero delirante tapa otra farola (¿no existe una norma que regule los neones?). Al otro lado de nuestra magnífica fachada al mar, orgullo de la ciudad, solo cruzando la calle, varias familias viven en condiciones denigrantes en casuchas tronzadas, a la espera de que algún día acaben los realojos para urbanizar San Roque.
La gente que pasea y quiere a su ciudad se exaspera: ¿Cómo se pone tan poco mimo en el cuidado de una urbe con un emplazamiento natural privilegiado y una arquitectura tradicional excelente?
El socavón del párking del Parrote va camino de convertirse en monumento nacional, pues pasan los meses y ahí sigue, mientras las administraciones juegan al ping-pong. Los bajos del privilegiado andén del Playa, un filón para cualquier hostelero normal, llevan tres años abandonados, sin que el Ayuntamiento revise la concesión al beneficiario que no cumple (Lendoiro). Nadie se molesta en limpiar las pintadas que mancillan la Pescadería y la Ciudad Vieja. Los barrios están mal iluminados y poco arbolados. El chabolismo tercermundista continúa a pie del Pasaje, camuflado unos metros más atrás. Solo han mejorado, y mucho, las aceras: llegaron los fondos del Plan E y en algo había que meterlos.
¿Tanto cuesta enderezar los bancos, reponer las farolas rotas, tapar las pintadas, erradicar el chabolismo y cuidar el buen gusto en aceras, rótulos, toldos y terrazas? ¿Por qué resignarnos a tener una ciudad con un tono estético muy inferior al de Gijón, Santander o San Sebastián? El mejor plan general sería empezar a cuidar lo que ya tenemos.