El partido más duro de Donato

A CORUÑA

El ex deportivista fue en bus desde Juan Flórez hasta Dolce Vita en una silla de ruedas para experimentar en sus carnes los problemas de movilidad de los minusválidos

04 dic 2009 . Actualizado a las 13:36 h.

No existe nada mejor que ponerse en el lugar del otro para entenderlo. Eso pensó Donato da Gama da Silva, el ex jugador del Deportivo, que no dudó en ocupar por un día el lugar de Antonio Mazás para sentir en sus carnes las dificultades que un minusválido tiene para moverse en la ciudad. El reto era simple: tomar junto a Antonio un bus urbano desde la calle Juan Flórez e ir hasta el centro comercial Dolce Vita. Eso sí, al igual que su compañero, lo tendría que hacer en una silla de ruedas.

Desde ahí el mundo se ve diferente. Observar a un deportista de élite como Donato tan inseguro en la silla puede dar una idea. Miraba en dónde se colocan los pies, cómo dar los giros, dónde estaba un freno. «Esto va a ser complicado», le comentaba a Antonio en la parada. Pero, al llegar al bus, descubrió lo que era complicado de verdad.

Los buses urbanos que circulan en la ciudad solo tienen una plaza para sillas de ruedas. Está situada justo frente a la puerta de salida. Cuando llega el 11 extienden la rampa de acceso. Antonio se impulsa con las manos y sube sin problemas sin ayuda de nadie. Se coloca en su sitio y se abrocha el cinturón de seguridad. Donato, sin embargo, no logra subir, se esfuerza, pero no consigue centrar la silla en la rampa. Al final, le tienen que ayudar, y una vez dentro, encajonarse en el sitio que queda entre el de Antonio y los pasajeros que van sentados. Él no tiene cinturón. Solo hay uno.

Solidaridad de los viajeros

En cuanto los pasajeros se enteran que Donato va en el bus, no lo dudan. «Hay que poner otra plaza con cinturón», le reclama una de las pasajeras a los acompañantes de Donato y Antonio. Otros, al ver a Donato en silla de ruedas, se acerca a mostrarle su cariño pensado que está lesionado: «Donato, yo te venía en el campo y ahora estás así por correr mucho. No te preocupes que te pondrás bien pronto», le desea una viajera que no dudaba en afirmar que él era «el mejor jugador del equipo».

Mientras tanto, Donato congenia con Antonio, que le explicaba todo sobre la silla para la llegaba. Pero, de nuevo, hubo que ayudarlo a bajar la rampa al llegar a Dolce Vita. El acceso al centro comercial no ofrece problemas, pero en las rampas mecánicas llega otro test. «Hay que ponerle el freno», le explica Antonio. Pero Donato no deja de sujetarse fuertemente para no caer. «Tanta fuerza. Mañana tendré agujetas», augura.