Si sumamos la edad de las seis personas de la imagen, el resultado es de 520 años. Bueno, 521, porque hoy está de cumpleaños el empresario Eduardo Diz . Celebrará el 93.º aniversario en el despacho de su empresa de frigoríficos del polígono de la Grela, adonde sigue acudiendo todos los días, incluidos los sábados por la mañana. En la semana en la que el Congreso de los Diputados nombra a Alberto Oliart , de 81 años, nuevo presidente de la Corporación Radio Televisión Española, Radio Voz convocó a un grupo de coruñeses de la quinta de este ex ministro y que, además de tener muchos años, comparten con Oliart seguir en activo. María Luisa Ansorena , Alberto Martí , Gonzalo Fernández Obanza , José Manuel Liaño Flores , el citado Eduardo Diz y Vituco Leirachá , el más joven del veterano grupo.
«Te voy a dar una primicia», me espeta María Luisa, de 83 y activa presidenta de la Unión Democrática de Pensionistas y Jubilados. «Los Oliart vivieron allá por el año 1936 en la Casa Barrié, y los niños, supongo que el que ahora nombran presidente de RTVE entre ellos, jugaban en la plaza de Vigo. Recuerdo a los Oliart Sausol perfectamente. La madre era una mujer guapísima. Tenía una hermana, Pilar, que era la que llevaba la tienda Gaston y Daniella en Madrid», relata Ansorena en un alarde de memoria. Y es que de memoria andan sobrados, tanto en cantidad de recuerdos como en la calidad de los mismos. Gonzalo Fernández Obanza, 87 años, abogado, que ayer se tomó la tensión y tenía 11 de máxima y 6 de mínima, presume de que se llegó a saber los 1.976 artículos del Código Civil de memoria, aunque ahora afirma sonriente que no recuerda ninguno. «Es curioso, voy a la habitación y no me acuerdo de a qué fui; en cambio tengo presente cuando Alfonso XIII vino de visita al sanatorio de Oza, del que mi padre era director cuando Miguel Primo de Rivera acudió a un baile al casino y sacó a bailar a mi hermana Pilar», comenta este coruñés de hermanos longevos, uno de ellos próximo a cumplir un siglo. Alberto Martí, 87 años, fotoperiodista, mueve la cabeza de arriba a abajo en señal de complicidad con las palabras de Obanza. «Nos pasa lo mismo a todos, nos acordamos más de cosas de antes que de las recientes», dice este veterano, al que le parece «estupendísimo» el nombramiento de Oliart. «Los más jóvenes tienen otras aficiones, como el tenis, mientras que una persona de 81 años no se dedica a esos entretenimientos», argumenta. Me siento bien rodeado de tanta sabiduría. La vida y los años. Obanza y Ansorena se deshacen en elogios hacia la memoria y rico lenguaje cervantista del que hace gala José Manuel Liaño Flores, ex alcalde y abogado de 88 años recién cumplidos. «Lo que cuenta no son los años de una vida sino la vida en esos años, que es lo que ha hecho cada uno. Hay jóvenes que parecen viejos desde un punto de vista intelectual, y los que estamos aquí -esboza una gran sonrisa- parecemos del Frente de Juventudes», destaca Liaño, que sigue yendo a trabajar al juzgado y no le importaría colaborar en la asesoría jurídica de Televisión Española si Oliart se lo pidiese. «Yo no, no me iría, si ya ocupa la asesoría jurídica Liaño... Yo soy pasado y el pasado es experiencia; el futuro es esperanza», reflexiona Obanza con buen humor. ¿Será el buen humor el elixir de la eterna juventud? «El otro día sugerí subir por las escaleras a un grupo de personas, entre ellas a Carlos Negreira, el del Partido Popular, que esperaban el ascensor del Casino para ir del segundo al noveno piso y en el séptimo me quedé solo», comenta entre risas Liaño, que ya es feliz bisabuelo. Recuerdos de niños. Vituco Leirachá, maestro de periodistas de 82 años y activo colaborador de Radio Voz y La Voz, es el único de los contertulios que se vacunó contra la gripe A. «No somos grupo de riesgo», dice Ansorena entre carcajadas. «Mis hermanos, mis primos, mis sobrinos... Pertenezco a una familia en la que hay muchos médicos, por eso no me vacuné», asegura Obanza entre la carcajada general. «Recuerdo la primera vez que vi llover. Iba con mi madre y tenía menos de 3 años», rememora Leirachá. Eduardo Diz, el mayor del grupo, dice que conserva un libro editado con motivo de la Fiesta del Árbol de la localidad lucense de Vilapedre, en el que hacen referencia a que el niño Eduardo Diz había leído un texto en aquella celebración. 88 años después, Diz recitó de memoria aquellos versos en los micrófonos de Radio Voz. «Lugar sagrado es un bosque, hay de quién no lo venera. Maldita de Dios la mano que lo tala o lo incendia». Ahí tienen a este sexteto de la quinta de Oliart. Son la memoria de la ciudad. «Me entusiasma ir a trabajar porque órgano que no se usa... se atrofia», sentencia Diz. «De jóvenes no hicimos botellón, entonces no se habían inventado las botellas», dice Martí. Quedamos en repetir tertulia dentro de unos años.