La vida después del maltrato

A CORUÑA

Una vecina de Arteixo narra su experiencia tras sufrir malos tratos y enfrentarse ?a la incomprensión de su familia. A pesar de ello, encontró la felicidad

18 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Teresa (nombre supuesto) prefiere permanecer en el anonimato, no porque siga teniendo miedo, sino por sus hijos. En la historia de esta vecina de Arteixo, cientos de mujeres maltratadas pueden verse reflejadas. Vidas de desprecio, de violencia y de llanto. Pero también de superación y de triunfo, como es el caso de Teresa. Ahora ella sonríe, con lágrimas en los ojos. No piensa en el futuro, pero al menos puede ver el presente con optimismo. En el camino se queda la inestimable ayuda del Centro de Información de la Mujer (CIM) de Arteixo, que le ofreció asesoramiento jurídico y psicológico, además del apoyo de una vecina y un familiar de su ex marido. Sin ellos, está convencida de que no podría haberlo logrado.

Hija de padre maltratador, Teresa reconoce que no quería casarse con el que era su novio. A pesar de ello, sus padres la obligaron: «Tiven que deixalo todo, o meu traballo e irme para o estranxeiro. Imaxínate alí cos meus sogros. Aos catro meses xa me deu a primeira bofetada». En ese momento acudió a su madre, «pero ela me dixo que era algo normal. Que as cousas eran así», explica.

Fue entonces cuando Teresa no quiso volver a enfrentarse a su marido: «Comecei a pensar que igual exaxeraba e aínda que non nos levábamos ben, funme amoldando á súa maneira». En ese proceso de adaptación, Teresa tuvo que hacer numerosos sacrificios: «Apartámonos da familia, se tiña melena corteime o pelo, se tiña faldas deixei de poñelas porque según el parecía unha vaca...». Recuerda que tenía una melena preciosa, que tuvo que cortarse porque su marido le decía que le quedaba mal. Tampoco podía pintarse, porque él creía que parecía una cualquiera: «Incluso preguntábame se non me gustaría que me violaran», en referencia a un episodio de abusos sexuales que ella le confesó tras cuatro años de matrimonio. Después de aquello, fue peor: «E ¿gustábache?, e ¿que che facía?», le preguntaba su marido.

Al cabo de varios años en la emigración, Teresa y su marido regresaron a Arteixo. Compraron una casa y ahí llegó el verdadero infierno: «Cando chegou a haber palizas estaban os meus fillos diante e entón diso libreime. El empezou a saír. Os cartos del eran para el só, e os meus, 500 euros que gañaba, tiñan que chegar para comer, para vestir aos meus fillos e para pagar todos os gastos». Cuando el marido de Teresa salía por la noche podía llegar a gastarse 700 euros. «Eu nin sequera tiña tarxeta de crédito», explica. Hasta que se dio cuenta de que la cuenta bancaria estaba en números rojos desde hacía meses. Y la situación empeoró: «Aí empezou a golpes con las paredes, a levantarme el puño. A insultarme. Dicíame que se non era por el, eu non era nada». Fue entonces cuando comenzó a recibir tratamiento psicológico y no puede evitar romper a llorar: «O peor foi a propia familia».

La primera denuncia que hizo Teresa fue tras una discusión en la que él quiso llevarse a su hijo pequeño: «Pero anteriormente xa quixen poñer outra». Lo que más le dolía no eran los golpes, «era o psicolóxico», explica: «E o único que dicía a miña nai era ''cala e aguanta. Mira para min''. Pero eu non quería que á miña filla lle pasara o mesmo».

Teresa denunció y en la sentencia logró que su marido no se pudiera comunicar con ella ni acercarse a menos de 300 metros. Pero él apeló y logró salir absuelto: «Como non había sangue por medio, non ten culpabilidade. Dixéronme que era una falta de lesións pero non un delito».

La siguiente agresión fue a su hija, menor de edad, cuando ya estaban separados. Y Teresa la convenció para denunciar. Ahora las dos miran el futuro. Teresa ha vuelto sonreír y dice: «Agora son feliz».