La Xunta acepta que existe un vacío legal en la recolección de hongos, mientras las asociaciones micológicas creen que es necesario que haya un marco protector
10 nov 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Dar un paseo por el campo y recoger unas setas es un gesto en el mejor de los casos alegal que puede dar pie a muchísimos problemas. Todo porque no hay un marco administrativo que regule esta práctica milenaria, proteja a los dueños de los terrenos y, lo que es más importante, garantice la sostenibilidad de una riqueza natural muy interesante.
La Consellería do Medio Rural reconoce que no hay una normativa y que por tanto las setas son como cualquier otro producto que dé una finca, propiedad del dueño de la misma. Pero ni siquiera eso es seguro, ya que una sentencia de la Audiencia de Soria explica que los hongos son como la caza o los frutos silvestres, no tienen propietario legal aunque se encuentren en una finca privada. Solo cuando se cierran las fincas y se prohíbe el paso o cuando hay una normativa específica puede haber otras posibilidades.
En la Xunta asumen que la gente recoge setas más allá de sus lindes y reclama de estos buscadores un mínimo de cordura para no hacer daño al ecosistema a la vez que les insta a marcharse si hay una prohibición del propietario.
Pero la situación no puede seguir así. Tarde o temprano la Xunta tendrá que hacer lo que ya hay en otras comunidades autónomas, es decir, una regulación específica para el aprovechamiento micológico. Julián Alonso, biólogo, profesor de universidad y miembro de la Sociedade Micolóxica Lucus, cree que la Administración tendrá que sentar a los colectivos afectados -biólogos, propietarios de montes y asociaciones micológicas- para encontrar una solución de compromiso.
Una opción es lo que ha hecho la vecina comunidad de Castilla y León, cuya normativa aborda diferentes aspectos. Por ejemplo, «prohíbe la recolección de ejemplares demasiado jóvenes o viejos, los primeros porque deben desarrollarse y los segundos porque si bien no tienen mucho valor culinario, sí producen esporas, lo que garantiza la continuidad de las setas en esa zona», tal y como explica el experto. También en Castilla «es obligatorio el uso de cestas para la dispersión de las esporas», cuando en Galicia se ven tantos recolectores con cesta como con bolsas de plástico, que al cabo del día hacen fermentar las setas.
Sin alterar los suelos
Los castellanos prohíben además el raspillado del suelo o cualquier otra alteración violenta del mismo, para garantizar la sostenibilidad del área, y distingue entre la recolección episódica o consuetudinaria y la comercial.
«Hay muchas fórmulas para regular esta práctica -apunta Julián Alonso-, desde topes de recogida para unas especies hasta montes acotados donde solo se puede acceder pagando un permiso, y que admite condiciones diferentes de pago y de kilos si se trata de una recolección episódica o de una comercial».
En general, Alonso, como todos los amantes de la setas, entiende que la regulación es necesaria pero más lo es la concienciación de la gente. De nada sirve tener muchas normas si no se vigila su cumplimiento y se castigan las imprudencias. En cambio, es más eficaz enseñar a la gente a coger setas.
Según esto, hay que reconocer que los hongos están enterrados y que lo que nosotros entendemos como seta es un fruto, como si de una pera se tratase: «Una persona no daña el árbol por llevarse unas peras, pero si arranca el peral para conseguir todas las frutas, entonces sí ha hecho un daño irreparable» En general, se asume que una parcela sobreexplotada acaba dejando de ser productiva. De ahí que no estropear el terreno, dejar los ejemplares pequeños y usar el sentido común son las normas básicas para garantizar que año tras año haya suficientes setas para todos.