En la cresta de la ele

A CORUÑA

Por Laureano López

13 oct 2009 . Actualizado a las 13:17 h.

En 1983, la Xunta aprobó la Lei de Normalización Lingüística y declaró A Coruña como el único topónimo oficial de la ciudad. El entonces alcalde, Francisco Vázquez, recogiendo el sentir de muchos coruñeses, desoyó la norma y continuó utilizando el topónimo La Coruña. Fue por ello llevado, junto a su segundo, Javier Losada, a los tribunales. El empeño del Ayuntamiento por mantener la cooficialidad restó dinero, unos 300.000 euros, a las arcas municipales. Para muchos fueron bien invertidos. En 1994, el Tribunal Superior de Xustiza, previa denuncia de la Xunta del PP, ordenó al Ayuntamiento cumplir la ley. En esencia, este no hizo caso. Diez años después, amparándose en la Ley de Grandes Ciudades, volvió a rescatar la forma toponímica La Coruña. No le valió esta argucia legal y fue conminado a usar de nuevo A Coruña. Entonces, Vázquez dejó una frase para la historia: «Es triste que se pueda gritar ?gora ETA? y no se pueda decir La Coruña». La cosa toponímica estaba al rojo vivo.

Hubo más pleitos, hasta que los socialistas, ya con Losada de alcalde y coincidiendo con el pacto con el Bloque, desistieron. La pérdida de la mayoría fue decisiva: de los 13 puntos del acuerdo de coalición, el noveno dice que «se atenderá a lo dispuesto en la Lei de Normalización Lingüística». El alcalde subrayó entonces que cumpliría la ley vigente «como alcalde». Otra cosa, puntualizó, sería «como ciudadano», dejando así clara su posición, pero también las obligaciones del pacto. Ahora, el PP, el mismo que ilegalizó La Coruña, ha vuelto a reavivar el conflicto, asumiendo al menos que en el pasado cometieron un error. ¿Pretenden salir así al rescate del lacoruñesismo?, ¿o simplemente tratan de provocar un cisma en la coalición entre PSOE y BNG en María Pita?

La cosa toponímica genera estos días todo tipo de opiniones y alguna boutade: en las filas del BNG se escuchó que volver a la cooficialidad es «voltar ao franquismo». Pero muchos jóvenes que hoy llaman a su ciudad La Coruña ni siquiera habían nacido cuando Franco murió. Y muchos mayores que pronuncian La Coruña no solo conocieron al dictador, sino que lo sufrieron y lo combatieron. Dividir a quienes usan La Coruña y A Coruña entre carcas y progres es un craso error. Pero algunos de ellos siguen ele que ele.

El próximo capítulo del conflicto toponímico llegará pronto, en el pleno extraordinario forzado por el PP. Los populares afirman que solo buscan el sí de Losada para que el Parlamento restituya oficialmente la cooficialidad (en la calle ?basta pasearse por cualquier barrio de la ciudad? nunca ha dejado de ser cooficial). Losada ha respondido que quien tiene que mover ficha es Feijoo, con mayoría absoluta en O Hórreo y manos libres para cambiar las leyes. Así están estos días las cosas en A Coruña (oficialmente hablando), con la ele en la cresta de la ola, la misma que los políticos (¿o deberíamos decir poíticos?) ponen y quitan a su antojo, como si los ciudadanos fueran meros comparsas. Ya les vale.