La Guardia Civil homenajea al Rosario y analiza los delitos por Internet

A CORUÑA

Ayer se clausuró en A Coruña el sexto foro iberoamericano de cíber policías. Técnicos policiales españoles y de los más importantes países de Hispanoamérica, y de Portugal, analizaron durante toda una semana una de las lacras delictivas más importantes a nivel mundial: «El desvío de la utilización de Internet para el uso racional, que está presente en todos los aspectos de nuestra vida, y que algunas personas lo están convirtiendo en un arma destructiva». Así de contundente se pronunció el director general de la Policía Nacional y de la Guardia Civil, Francisco Javier Velázquez López. La mayoría de los participantes en este foro, encuadrado en la semana institucional de la Guardia Civil, llegaron a una misma conclusión: «La Red se convirtió en uno de los instrumentos fundamentales de nuestras vidas». Pero las tesis definitivas de los expertos indican que dependiendo del uso que se haga de Internet, este nuevo vehículo de comunicación «puede convertirse en un arma muy peligrosa». Así de rotundas fueron las conclusiones finales que pudieron extraer de los estudios y análisis del sexto foro iberoamericano que se celebró en durante esta semana en A Coruña. Velázquez López alertó a los agentes adscritos a las unidades de delitos cometidos vía Internet sobre el uso de las muevas tecnologías: «Tratamos con gente que se dedica a utilizar niños sin escrúpulos en temas sexuales, a comerciar con seres humanos adultos en forma de prostitución, y a cometer delitos económicos usando la banca electrónica y el narcotráfico». Las jornadas sirvieron para solicitar un nuevo marco normativo y legislativo. También subrayaron la necesidad de implantar nuevos aspectos educacionales hacia los usuarios de Internet. Y sobre todo, los ponentes requieren una mayor colaboración policial a nivel internacional. Antes del cierre de las jornadas, la Guardia Civil quiso rendir un emotivo acto religioso a la patrona de A Coruña, la Virgen del Rosario. Una celebración que estuvo oficiada por el arzobispo castrense, Juan del Río Martín.