A pesar de todos los ataques que ha recibido, a pesar del encono del alcalde de Culleredo por restarle operatividad y la histórica dejadez de las instituciones, a pesar del incumplimiento de promesas de quienes anunciaron boas novas, el aeropuerto de Alvedro se mantiene en el top 25 de los aeropuertos españoles. Hay, pues, en el área metropolitana suficiente masa crítica, una expresión de moda entre la clase política para que, por sí solo, y sin necesidad de fusiones ni absorciones ni cambios de nombre, Alvedro pueda seguir creciendo. Más, si es con la ayuda de Fomento y, de una vez por todas, de la Xunta. Está bien que entre quienes tienen que gestionar las infraestructuras se coordinen, lleguen a acuerdos, hinquen los codos, aprendan las lecciones y superen con nota los exámenes a los que tienen que presentarse.
Pero que la coordinación de los aeródromos se traduzca en la unificación de nombres, como pretenden ya algunos, y en hacer de tres aeropuertos uno solo con tres terminales (¿?) es incurrir en un error de proporciones bíblicas. Si Galicia tiene ya tres aeropuertos de primer nivel, que suman 5,2 millones de viajeros al año, ¿cuál es el objetivo de esta mesa de trabajo?, ¿ordenar los destinos para que en un futuro próximo desde A Coruña se pueda volar a Berlín, París, Roma y Estocolmo?, ¿conseguir que entre todos sumen, por ejemplo, 10 millones de usuarios? En definitiva, ¿que el anuncio de boas novas se traduzcan en algo tangible? Entonces, vale...
Dados los precedentes es lógico que en A Coruña andemos con el avión detrás de la oreja. Y no solo en cuestiones aeronáuticas: hay más anuncios inquietantes, que sin duda preocuparán a la masa crítica coruñesa, la misma que, con su esfuerzo diario, aporta un 40% de la riqueza de Galicia, y que según se vayan acercando las elecciones dejará de ser masa crítica para ser otra vez considerada simple y llanamente personas. La Xunta quiere poner a remojo la justísima reivindicación de Medicina. Poniéndonos festivos, es como cancelar las fiestas del percebe de Corme y de Cedeira para llevarlas a los Ancares. Y el Puerto acaba de pasar la goma de borrar a uno de los proyectos del Plan Busquets, mientras unos y otros siguen enredando con la financiación de Langosteira. Otro dato alarmante: viajar hoy de Montrove al Obelisco cuesta una hora en buses prehistóricos. A Coruña vive hoy su día D, su ser o no ser, el de su masa crítica: de sus personas. Y en las alturas han de saber que con las cosas de volar, de navegar, del I+D+i del que tanto alardean, no se puede seguir jugando.