Sobre la historia natural de la construcción

Por Laureano López

A CORUÑA

Las cosas no surgen de la nada. El 13 de noviembre del 2002 se desparramó por la costa gallega el Prestige. Acostumbrados a bañarse en chapapote y otras tragedias, los gallegos dijeron basta. Resurgió, entonces, el plan para construir un puerto exterior en A Coruña que no solo contribuiría a mejorar la seguridad exterior -por mar-, sino interior -al permitir eliminar el oleoducto de la refinería que atraviesa la ciudad de los Castros a la Grela, y extraditar los depósitos de Repsol de San Diego-.

El 25 de febrero del 2004 se publicó en el BOE el concurso por el que se adjudicaron las obras, y el 2 de abril del 2005 se colocaba la primera piedra, prólogo del inicio de unos trabajos que inicialmente fueron presupuestados en unos 600 millones de euros, pero adjudicados en 370 más IVA. La UE aportó una ayuda de 268 millones, aunque la cifra inicial prevista para la ejecución de las obras pasó a 888 millones de euros, IVA incluido. Así las cosas, para concluir los trabajos faltan 283 millones, y la Autoridad Portuaria ya ha avisado que si el año que viene no dispone de 57 millones más hay que parar la obra. Para evitar esto, el Puerto ha solicitado avales para un crédito blando a Fomento y Puertos del Estado, que han puesto como condición que este justifique al dedillo las cuentas. Fomento mostró el viernes buena disposición.

Según los cálculos hechos en su día, 200 millones de euros para pagar el puerto exterior saldrían de la venta de terrenos portuarios en San Diego, Calvo Sotelo y Batería, cifra ahora insuficiente. El último acuerdo firmado entre el Ayuntamiento y Fomento fijaba las siguientes condiciones: el 50% de los pisos serán de protección oficial. El plan Busquets dibujaba viviendas integradas en el paisaje. Pero ya hay quien plantea la necesidad de revisar este convenio. Sí parece lógico que la venta de muelles pueda iniciarse antes de que Langosteira esté operativo, como se ha hecho en otros sitios, y se puede llegar a otras soluciones, pero la modificación del acuerdo puede hacer caer a algunos responsables políticos en la tentación de bañar de cemento el plan Busquets, que correría el peligro de convertirse en un plan Mazacote. Un riesgo que deberá valorarse, pues lo que se haga en urbanismo -podemos poner como ejemplo el edificio Conde de Fenosa- difícilmente tiene marcha atrás. El propio Busquets ya ha alertado de que no debe haber modificaciones en este sentido: «La contabilidad no hay que medirla en metros cuadrados liberados, sino en la productividad y la riqueza que se genera, y en la calidad de vida que se proporciona a los ciudadanos».

W.?G. Sebald habla en una de sus obras maestras de la culpa que durante décadas arrastraron y arrastran millones de alemanes por las atrocidades cometidas en la Segunda Guerra Mundial, y que les impidió hablar de sus propios padecimientos. Se titula Sobre la historia natural de la destrucción. Salvando las distancias evidentes, en el caso de Langosteira -que debe quedar ya al margen del juego político- algún día deberíamos hablar de la historia natural de la construcción. Hacía falta un puerto exterior, clave para el desarrollo no solo de A Coruña, sino de toda Galicia, y ya estamos viendo la luz del dique. Solo falta que en este impulso definitivo, todas las partes implicadas tengan en cuenta lo importante que es dar con la fórmula para que las cosas lleguen a buen puerto, para que en el futuro ni se repartan culpas, ni haya culpables.