Con 16 años, es el jugador más joven de la Liga y la gran sensación del Athletic
19 sep 2009 . Actualizado a las 18:18 h.Es eléctrico, escurridizo, con un gran espíritu de lucha y con chicle en sus botas que le permite llevar el balón pegado para desesperación de los defensas rivales. Es Iker Muniain Goñi (Pamplona, 1992), el jugador más joven de la Liga y el nuevo héroe de la afición de San Mamés. Otro de su generación como Kevin Lacruz también debutó en el Zaragoza.
Sus inicios fueron como los de cualquier niño prodigio. Jugaba en los campos navarros con su club, el Chantrea, y su desparpajo llamó la atención de casas publicitarias y equipos de primer nivel mundial. Solo era infantil, pero los ingleses y el Barça suspiraban por captarlo.
El Athletic estuvo más listo y lo fichó con un contrato por valor de 60.000 euros anuales, con la condición de que esta cifra subiría automáticamente tan pronto debutase con el primer equipo. Estaba muy reciente la marcha de Mikel San José al fútbol británico y la directiva vizcaína estuvo rápida para evitar que sucediera lo mismo con un jugador de un equipo como el Chantrea con el que mantiene un convenio. Incluso una de las multinacionales de ropa deportiva más importantes firmó con él un contrato.
Solo necesitó dos años en Lezama para llamar la atención de Caparrós. Jugaba en el Cadete B (14 años) y el entrenador de Utrera lo llamó para hacer la pretemporada. No pudo debutar por su exagerada juventud, pero su carácter no pasó desapercibido para los integrantes de la primera plantilla. Ganador, desinhibido, bromista y de los que no se arruga ante nada.
Pasaron dos años desde entonces. En ellos Muniain quemó etapas a una velocidad endiablada. Saltó al juvenil de División de Honor e incluso al filial de Segunda B en un grupo áspero en el que el fútbol físico predomina sobre el talentoso. Jugar en Arlonagusia, el Lasesarre o Las Llanas, si no te mata, te hace más fuerte.
Cumplió los 16 y Caparrós no pudo aguantar más. Ya lo había hecho con Navas y Capel en el Sevilla y lo había intentado con Dani Bea (ahora en el Montañeros) en el Deportivo.
Su bautismo fue este verano en la fase previa de la Europa League ante el Young Boys. Debutó en San Mamés, y en Suiza fue el autor del tanto que dio la supervivencia en la segunda competición continental.
No fue su único éxito. En la pretemporada sorprendió a todos por su frescura, Caparrós lo reservó en la Supercopa, y en la primera jornada de Liga ante el Espanyol fue titular y uno de los más destacados.
Fue el día que enamoró por completo a la afición de San Mamés. Todos los ojos puestos sobre él. En un pequeño y habilidoso niño al que hombres hechos y derechos intentaban quitarle el balón sin éxito. Fueron 87 minutos de entrega y calidad.
El único jugador capaz de hacer algo diferente (caños y taconazos) y además con un plus de lucha apto para presionar a los rivales por todo el campo. Corrió y corrió durante todo el partido y cuando Toquero marcó el gol del triunfo, fue el primero en felicitarlo: «Toquero eres el mejor», le dijo. Fue poco antes de que San Mamés se rindiera a los pies de este niño.
El jueves, en la Europa League, marcó el tercer gol, dejando claro que ya nadie lo moverá del primer equipo. Ha nacido un niño prodigo.