Familiares de Claudia y Pachá agradecen que la serie respetase a las víctimas, aunque los brigantinos echan de menos alguna escena rodada en su ciudad
10 sep 2009 . Actualizado a las 12:18 h.No ocurrió así. Las cosas sucedieron de modo muy distinto a como aparecen en la serie La ira, cuyo primer episodio emitió Telecinco el martes por la noche, con las poblaciones de Betanzos y Sada pegadas al televisor. Ni los padres de José Manuel Gómez Rodrigo quisieron perderse la emisión. Su hermana cuenta que «estaban muy nerviosos, muy atentos a cómo habían tratado el crimen, pero se fueron tranquilizando a medida que avanzaba el capítulo al comprobar que no se ajustaba del todo a la realidad». Ya se sabía que la productora New Atlantis iba a rebuscar más en la imaginación que en el sumario, decidida a guardarse las espaldas ante posibles demandas de los familiares de las víctimas o, incluso, de los propios imputados. De ahí que se apartasen de la realidad a su antojo, como a la hora de situar la escena del crimen, rodada en un espectacular caserón en lugar de un piso de dos habitaciones en la calle Rosalía de Castro de Betanzos. O que la pareja de criminales tuviese una niña en lugar de un niño. Ni siquiera se llegó a pronunciar el nombre de Betanzos, Sada o Ferrol en toda la emisión. Tampoco encaja el lugar en el que se deshicieron de los cuerpos desmembrados, poniendo un vertedero de basura en lugar de un bosque cercano a Ferrol. Sí respetaron, en cambio, el pasado criminal de Prado Riveiro, recordando el asesinato de un taxista años atrás. O que las víctimas eran dueñas de una furgoneta y que esta sirvió para el traslado de los cadáveres, si bien los guionistas pintaron en el vehículo un logotipo en el que se podía leer Mesón do centolo, cuando Pachá la usaba para su empresa de reformas. También se ajustó al sumario el intento del supuesto homicida de venderle un coche a la víctima. Los productores cogieron un crimen y lo rodaron a su capricho. Así, del asesinato de José Manuel Gómez Rodrigo y Claudia Castelo idearon una serie en la que una pareja de toxicómanos padres de una bebé deciden matar a una pareja de amigos (la autoría intelectual del asesinato se desvelará en el segundo y último capítulo). Para deshacerse de los cuerpos proceden a su descuartizamiento, ocultando los cadáveres en un vertedero y huyendo en el vehículo de las víctimas. ¿Cómo cayó en las familias esta serie? Pues aparte de que coinciden en que el título se ajusta como un guante -La ira- a lo que ocurrió aquellos días en el piso de Rosalía de Castro, el hecho de llevar a las pantallas el asesinato de sus seres queridos no les hizo gracia alguna. Ya cuando se enteraron de que había una productora interesada en el asunto pusieron el grito en el cielo. Los padres de Pachá advirtieron a los responsables televisivos de que podrían demandarlos si profanaban el honor de su hijo. «No fue así», dicen ahora. Saben que la serie está basada en este crimen, pero los caprichos del guión y «el respeto a las víctimas» les hace descartar cualquier acción judicial. Eso sí, no les hizo falta encender la televisión para mantener su certeza de que tanto Adriana como Prado Riveiro idearon juntos el asesinato. Sobre este doble crimen aun quedan muchas incógnitas por despejar y la ficción tuvo que recurrir a la imaginación para resolver las sombras. Y eso, muy agradecido por familiares y amigos de las víctimas, no cuajó entre la población de Betanzos, que echó de menos alguna referencia a la ciudad o algunas tomas de sus calles o plazas. En las galerías de García Hermanos no se hablaba de otra cosa. Aparte de las críticas hacia la libertad creadora de los guionistas, la gran mayoría reconocía haberse llevado un chasco al comprobar que de Betanzos solo salió una imagen general de a Ponte Vella.