El dibujante Scott McCloud odiaba los cómics de pequeño

A CORUÑA

Hoy es uno de los expertos más reputados en el mundo de la viñeta

17 ago 2009 . Actualizado a las 11:44 h.

Para quien no lo conozca, el dibujante norteamericano Scott McCloud es uno de los teóricos del cómic más respetados y admirados del mundo. De hecho, su obra Entender el cómic, el arte invisible , en el que explica los orígenes y el lenguaje del llamado noveno arte a través de un propio cómic, es para muchos un verdadero libro de referencia. Por ello, su presencia ayer en el salón Viñetas desde o Atlántico causó expectación y llenó la sala de conferencias del Kiosko Alfonso hasta los topes.

Él llegó hiperpuntual. Tanto que a las 18.14 estaba colocando el ordenador en la mesa y a las 18.15 ya estaba introduciendo su exposición: «Me gano la vida dibujando tebeos, lo que significa que todas mis historias son un drama y que paso la mayor parte del tiempo detrás de un tablón de dibujo». Tras esta declaración de principios, McCloud echó la vista atrás y recordó buena parte de su infancia, aportando incluso pruebas gráficas. Aseguró que de pequeño tuvo «muchas aficiones frikis», como la microbiología, la mineralogía o el ajedrez, y que gracias a su amigo Kurk Busiek se aficionó a los tebeos. «A él le encantaban y yo los odiaba. Pero me prestó tantos que acabé enamorándome de ellos». De hecho, a los 14 años ya tenía claro que se iba a dedicar a las viñetas.

Por aquella época sus lápices y rotuladores ya echaban humo, pero fue su amigo Kurk el que le llamó la atención sobre su trabajo, advirtiéndole que las imágenes tienen que contar historias y que los mejores dibujantes eran los que permitían que su arte cobrase vida sin que se notase. Quizás fue ahí cuando comenzó a reflexionar y teorizar sobre los cómics, a contrastar y relacionar filosofías sobre las viñetas, pero no fue hasta después de trabajar para la editorial DC y el lanzamiento de su proyecto Zot cuando se inclinó por «intentar aplicar el punto de vista de un científico al mundo de los cómics». Algo que, como demostró ayer en su conferencia, sigue haciendo.

Intentando amenizar sus explicaciones a través del humor y las imágenes que proyectaba, McCloud resumió con varias pinceladas sus teorías sobre el cómic. Aseguró que el ser humano tiene la capacidad de ver vida en una serie de líneas interconectadas; que las viñetas tienen la capacidad de comunicar y transmitir ideas del tiempo («y, además, entre cada viñeta hay algo que nosotros tenemos que imaginar»), y que la mayoría de las historias funcionan dependiendo de su relación con un deseo o motivación y la consecución o no de este deseo.

El futuro del cómic

Con referencias al antiguo Egipto, McCloud aseguró que hubo cómic antes de la llegada de la imprenta y que, tras interesarse por lo que este invento permitió hacer, ahora le intriga lo que pasará con el cómic una vez que el papel haya desaparecido como medio de comunicación. Por ello, sus últimos estudios están centrados en las posibilidades que ofrecen los nuevos medios y las nuevas formas de navegar para el cómic. De hecho, él participa actualmente en la difusión del cómic por medios digitales e Internet y es uno de los principales promotores de los webcómics. Y ante la pregunta de uno de los oyentes sobre dónde está el límite del cómic en Internet antes de convertirse en animación, McCloud parece tenerlo claro: «La gente quiere que las formas de arte sean puras, que permanezca lo más cerca posible a su esencia».