Posy Simmonds y Paco Roca comenzaron a dibujar de críos como alternativa a los partidos que jugaban sus amigos
15 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.«Tengo tres hermanos locos por el críquet que me obligaban a lanzarles bolas para que ellos pudieran practicar. A mi eso me aburría terriblemente, y me di cuenta de que solo me dejaban en paz cuando estaba dibujando». Así relataba ayer en el Kiosco Alfonso, en el seno de Viñetas desde o Atlántico, la británica Posy Simmonds sus inicios en el mundo de la ilustración. Y, casualmente, lo hacía poco después de que otro de los invitados de este año al salón, Paco Roca, reconociese que «siempre he sido un tipo pequeño y enclenque, de esos que nunca eligen los compañeros para que vayan en su equipo de fútbol. Así que me dediqué a dibujar. Así podía acercarme a las chicas del colegio, haciéndoles los trabajos de dibujo». Dos orígenes semejantes de dos de los talentos más relevantes del panorama comiquero internacional actual.
Simmonds, una rara avis dentro del mundo de la historieta, terminó sus estudios de arte y se encontró recorriendo Londres con una bolsa llena de dibujos: «Fui colocando algunos trabajos, mientras desarrollaba otras actividades paralelas, como pasear perros o limpiar casas. Hasta que conseguí entrar en The Guardian , de donde me llamaban a última hora para cubrir los huecos que iban quedando. Eso me enseñó a trabajar rápido», explicó. Sus obras Gemma Bovery y Tamara Drewe proceden de esas publicaciones en prensa y suponen un punto intermedio entre la viñeta y la narración convencional: «Hubo gran discusión sobre cómo catalogar mi obra. Que si no era cómic, ni novela gráfica... Al final los definieron como novela ilustrada».
Premio nacional
Con la presencia de Paco Roca en la edición de este año, Viñetas salda una deuda pendiente, ya que el año pasado llegó a A Coruña una exposición sobre su obra Arrugas -un emotivo retrato de la tercera edad y la enfermedad del Alzheimer que le supuso el premio nacional de cómic 2008-; pero el autor no pudo entonces desplazarse hasta aquí.
Relató ayer ante una divertida audiencia cómo fue su debut en la historieta: «En los años 90 no había revistas donde publicar, así que terminé haciendo cómic erótico. Ahí dejé de enseñarle mis trabajos a mis padres», explicó. Precisamente fueron sus progenitores los que en gran medida le inspiraron para hacer Arrugas, todo un fenómeno editorial que fue publicado antes en Francia que en España, y del que ya se está preparando una película: «Cuando propuse al editor hacer un cómic sobre la vejez jamás pensé que pudiera interesarle», reconoce el premiado autor.