Nadal se siente extraño en su regreso

L.?F. Gago

A CORUÑA

En su vuelta a la competición, facilitada por la lesión que obligó a David Ferrer a abandonar en el primer set, Rafa Nadal comprobó que todavía le queda mucho camino por recorrer. El número 2 del mundo, que defiende este puesto en Montreal ante Andy Murray y arriesga 1.000 puntos por su triunfo del 2008, mantiene la esperanza de volver a ser el de antes, pero todavía no lo tiene claro. No se encuentra cómodo y se ve algo impaciente, nervioso.

«Tengo sensaciones contradictorias y extrañas», confiesa el balear. Cree superados sus problemas de rodillas, pero desconoce si podrá jugar a un ritmo más alto en el futuro. Para empezar, cualquier victoria, sea como sea, es bienvenida. «No ha sido una prueba dura, por lo que habrá que ver cómo avanza todo», advirtió con cierto escepticismo. Después de 72 días sin enfrentarse a un rival, resaltó el apoyo del público, al que agradeció las muestras de cariño recibidas.

Al final resultó que el lesionado no era el balear, sino su contrincante. El alicantino se retiró, aquejado de problemas musculares, cuando solo se llevaban disputados siete juegos.

Concedió al balear una plácida reaparición, una victoria que es solo un espejismo. El partido se desarrollaba con dificultades para el número 2, aunque ya ganaba 4-3, con un break de ventaja, cuando su rival abandonó.

El golpe de derecha de Ferrer le complicaba la vida. En ningún momento se sintió cómodo el mallorquín, que buscaba esa forma de jugar eléctrica y explosiva que tanto lo caracteriza. Se notaba falto de ritmo a un Nadal que cometió errores impropios de un tenista de su nivel. Sin embargo, demostró que no ha perdido su fuerza mental en este período de ausencia y supo resarcirse. Lo hizo como solo él sabe.

Defensa desde el fondo

Se fue al fondo de la pista y allí empezó a defenderse. Jugaba a veces con agresividad, pero buscó más la seguridad que el riesgo. No disputó puntos espectaculares ni hizo ningún sobreesfuerzo de los que tanto lo definen. «Hubo fases bonitas para el público y otras no», admitió Rafa nada más concluir. Esa frase resume lo que fue un encuentro sin mucha historia, pero que sirvió para que el balear prosiga con su recuperación de autoestima y moral.

En los primeros servicios fue donde se vio a un Nadal más apático y sin energías. El español lo justificó con ejemplos de las leyes físicas. «Es normal que estuviera más fallón, porque estuve practicando siempre de día, y la bola de noche va más lenta», dijo.

La lesión de David Ferrer no reviste gravedad. Son unas molestias que arrastraba desde Wimbledon y que, en principio, deberían curarse solo con reposo.

Tras esta victoria, Rafa Nadal se enfrentó al alemán Philipp Petzschner, encuentro que al cierre de esta edición todavía no había concluido.

El tenista germano derrotó en la anterior eliminatoria al también español Tommy Robredo por 7-6 (3) y 7-6 (4), en un encuentro muy duro, en el que la fortuna se alió con el deportista alemán.