El faro que inspiró a los artistas

A CORUÑA

Para Urbano Lugrís, la península de la Torre era uno de los «santos lugares» de la ciudad; su pasión por ese rincón lo llevó, hace ahora medio siglo, a grabar el sonido del viento en el faro y reproducirlo en la representación de O incerto señor Don Hamlet, de Álvaro Cunqueiro, representado en el Teatro Colón. Si Lugrís es el pintor del mar, también podría serlo de la Torre, aunque no fue el único artista, ni mucho menos, atraído por ella, ya que a principios del siglo pasado, cuando en el entorno del faro solo había soledad, un jovencísimo Pablo Ruiz Picasso se adentraba por aquellos lugares románticos, al parecer más de una vez con una novia de la que dejó en un lienzo sus pies descalzos; el futuro pintor cubista también plasmó la Torre, si bien destacando en primer plano la naturaleza del entorno, pintando a pie de playa, tal y como apunta Carmen Pena López, catedrática de teoría e historia del arte contemporánea, en el artículo Península de luz que aparece en el catálogo de la exposición A Coruña, a cidade na arte (Museo de Belas Artes da Coruña).

Esta especialista hace un repaso por los numerosos homenajes al faro «de Trajano», dice, aunque las últimas investigaciones del arqueólogo José María Bello han hecho variar ya esa datación. Sostiene Carmen Pena que uno de los homenajes más profundos y universales fue el de Luis Seoane desde su exilio y su añoranza; ocurrió en 1943 y el artista recogió mitologías, alegorías clásicas, luces y vientos que plasmó en 47 láminas que fueron escogidas por el American Institute of Graphics Arts y la Pierpoint Morgan Library de Nueva York como uno de los mejores libros de dibujos publicados entre los años 1935 y 1945. Precisamente en este último año, recuerda Pena, la obra de Luis Seoane formó parte de una exposición en Nueva York en la que también estaba la Historia natural, de Buffon, ilustrada por Picasso. El álbum de Seoane en dicha muestra no representaba ni a España, ni a Galicia sino a Argentina, que era donde se encontraba exiliado entonces.

Si Seoane envolvía la Torre en mitologías, Camilo Díaz Baliño fantaseaba en sus carteles con el mundo celta, con sus viejos barcos de madera y sus coloristas velas, todo ello iluminado por la brillante luz del faro. Eran los carteles anunciadores de las fiestas de la ciudad.

La mayoría de las imágenes de las últimas décadas están tomadas desde San Roque y Riazor, (desde ahí tomó Arata Isozaki su primer boceto de la Domus) si bien son numerosos los artistas, incluido Lugrís, que juegan, según Carmen Pena, con la poética de una amplia bahía, con el faro como alejado, y cita a Labra, Lago Ribera, Tino Grandío o Alejandro González Pascual. La lista de admiradores de la Torre sigue, y muy viva.