Donde a las ocho de la mañana no es temprano, sino tarde

A CORUÑA

La de ayer fue una mañana tranquila, sin destrozos, ruido o peleas. A las ocho de la mañana eran muy pocos los jóvenes que salían o entraban de los after-hours de la calle Pintor Joaquín Vaamonde. Desde hace unas semanas, las noches de los jueves al viernes, tal vez porque los estudiantes andan con exámenes finales, los locales de esta pequeña pero ruidosa vía apenas hacen caja, para desgracia de sus dueños y alegría de los vecinos de la zona. Hoy y mañana será distinto.

Desde que a esa calle son muchos los van a tomar la última, han pasado muchas cosas. Los aparcamientos, por ejemplo, están señalizados en verde para que ahí aparquen los residentes. Fue perder el tiempo porque en esa vía no se atreve a estacionar ni un solo vecino de la zona. «Excepto algún despistado, los residentes ya no aparcamos el coche aquí de jueves a domingo». Estas palabras de un vecino ponen de manifiesto la resignación de aquellos que, fin de semana sí y al otro también, tienen que soportar los ruidos, las molestias y los actos de vandalismo que se suelen producir en este vial y sus aledaños.

Ahí es habitual ver a jóvenes saltar de capó en capó, acostarse en el maletero, usar la carrocería como la barra de un bar o las ruedas como urinarios. Por no hablar de abolladuras. Por eso solo los despistados aparcan en Joaquín Vaamonde.

Portales

Lo que ocurre en los portales también se las trae. «Te levantas temprano y, cuando quieres salir de casa, encuentras el portal lleno de gente sentada y las cestas de la publicidad con vasos. Y no digas nada porque se ponen a insultar», cuenta otro vecino.

Eso, cuando están tranquilos, sentados o apoyados. «Hace dos semanas tuve que llamar a la policía porque estaban dos chicos discutiendo y vi cómo uno tenía un cuchillo», relata el propietario de una cafetería próxima a esa vía, que ya se planteó abrir sus puertas más tarde para evitar el trasiego de «energúmenos, violentos y gamberros».