De paso obligado

A.?M.?C.

A CORUÑA

El Campo, nombre popular de la plaza García Hermanos, es el centro de la vida betanceira: ocho sucursales bancarias, diez establecimientos hosteleros, dependencias municipales, teatro en eterna espera de una remodelación (ya en 1921 Rafael González Villar quiso cambiarle la cara al Alfonsetti), juzgados, iglesia, palco de música... Es de paso obligado.

Este conjunto se ha ido configurando sin un plan, integrando edificios con el paso de los siglos, aunque algunos se quedaron por el camino, entre no pocas quejas. Y también críticas -a favor y en contra- produce la ocupación del espacio público por terrazas, paradas de autobuses y una zona delimitada para motocicletas los fines de semana. La armonización de todo esto les ha resultado harto complicada a gobiernos locales de todos los signos.

Los coches, que descansaban antes en la superficie, lo hacen desde mediados de los noventa en un aparcamiento subterráneo, cuya construcción dejó, sin embargo, más hormigón que el que ya había y menos árboles. Y a muchos también les dejó la pregunta de por qué, al modo de lo que se hizo en María Pita, no se aprovechó entonces para enterrar la vieja nacional VI, que atraviesa la plaza.