El ex embajador Gonzalo Puente Ojea presentó sus últimas reflexiones sobre la religión invitado por ARGA
22 may 2009 . Actualizado a las 12:05 h.Diplomático hijo de diplomático, de los que llevan la carrera en el ADN, Gonzalo Puente Ojea -nacido en Cuba por obra del destino-, ha desarrollado una extensa obra alrededor de sus reflexiones sobre el hecho religioso, con el que se ha mostrado siempre enormemente crítico. Este ex subsecretario de Asuntos Exteriores que desempeñó sus labores como embajador ante la Santa Sede entre 1985 y 1987, presentó ayer sus últimas obras en el aula de cultura de Caixa Galicia, en un acto organizado por el Ateneo Republicano de Galicia (ARGA).
Autor de títulos como Elogio del ateísmo, extraña que su trabajo ante el Vaticano fuese solicitado voluntariamente por él mismo: «Pedí ese destino tras abandonar la subsecretaría, y me lo concedieron. Siempre me atrajo el desarrollo del cristianismo a través de la Iglesia y su incidencia en España. Además, era el momento adecuado para pasar un tiempo en Roma y fue una experiencia muy interesante. Visité tras mi llegada a una treintena de cardenales de los más grandes institutos religiosos y tuve un trato muy cordial con hombres de gran talla de la curia. Todo esto en contra de lo que se suponía, que por mi parte existiera una actitud de confrontación», asegura Puente Ojea.
De todos modos, este choque terminó llegando, aunque el diplomático reparte culpas entre las autoridades vaticanas y el propio Gobierno español: «Fue cuando tuvieron lugar las beatificaciones de los que llamaban 'mártires de la contienda'. El Papa tuvo la descortesía de no recibir oficialmente al presidente de la delegación enviada desde España y limitar el encuentro a un mero saludo. Señalé mi desagrado por esta conducta pero no recibí respuesta por parte del Gobierno. Terminaron cesándome alegando, tras tres años de servicio, que no era la persona adecuada para el cargo», recuerda el diplomático.
No tan dulce
El actual embajador ante la Santa Sede, Francisco Vázquez, calificó el cargo en su día como «una perita en dulce», algo que Puente Ojea no comparte del todo: «Te permite disfrutar del legado histórico de Roma y de sus habitantes, pero aseguro que no es tan dulce», matiza.
En estos últimos tiempos el ritmo de producción literaria del diplomático ha sido vertiginoso, con cuatro libros publicados en tan solo dos años: «Es lógico que con los años uno vaya llegando a ciertas conclusiones y surja la necesidad de plasmarlo por escrito», explica. El último de ellos exclama desde la portada: La religión, ¡vaya timo!: «Es que es el timo más grande de la historia, y consiste en prometer algo -el paraíso, la trascendencia tras la muerte- que no está en manos del que lo promete», razona Puente Ojea, que critica que «todavía vivamos en una sociedad animista basada en una invención del hombre prehistórico aún vigente: el concepto del alma como dimensión separada del cuerpo».