El legado de un jefe sin bata ni corbata

R.?D. Seoane

A CORUÑA

09 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Con la llegada del nuevo gerente, deja el cargo José Manuel, Pepe, García Buitrón, un hombre de la casa. Tanto que forma parte del pequeño grupo de médicos que echaron andar y construyeron el que hoy es considerado buque insignia de la sanidad gallega. Aportó para ello buena parte de una de las claves del prestigio del centro: el programa de trasplantes cuya oficina de coordinación él dirigió para situar a Galicia a la cabeza de España. A esa oficina regresa ahora.

Con él en la gerencia, dos años se cumplirían el lunes, han cambiado algunas cosas, incluido el nombre del propio hospital que ha dirigido sin dejar de sentirse incómodo de corbata ni perder la cercanía del trato personal.

Dicen algunos de los trabajadores más combativos de entre la representación sindical que al menos se encontraron con un interlocutor que reconocía la existencia de problemas, frente a la tendencia a minimizar situaciones atribuidas a posturas extremas o a factores ajenos a la gestión. Así lo hizo el mismo día en que tomó posesión de su cargo hablando de los retrasos del plan director, iniciado hace ya siete años y que amenaza con perpetuar expectativas incumplidas mientras las necesidades no dejan de aumentar. O situando como su prioridad uno de los caballos de batalla y reiterada causa de conflicto: la saturación de urgencias.

A este servicio, limitado incluso físicamente por la falta de espacio, dedicó buena parte de sus esfuerzos. Hubo refuerzos de personal y ampliaciones provisionales, a la espera de la comprometida, también de forma reiterada, creación de un nuevo servicio. Y lo hizo sin culpabilizar al que no entiende los escalones del circuito asistencial y, en la mayoría de los casos, acude a donde cree que mejor le van a atender. A pesar de las esperas y la falta de sitio.

Ganar espacio para el complejo fue también una de sus prioridades y entre los pasos dados figura la incorporación de suelo aledaño para reordenar los servicios del hospital. Planeó un bloque administrativo y otro de consultas del que existen proyectos cuyo futuro deberá decidir la nueva administración, al igual que sentó las bases para un edificio singular y no solo arquitectónicamente: la torre de investigación. Un cilindro bioclimático de 50 metros de alto que completaría, en el Materno, el núcleo del conocimiento cuyo primer eslabón inauguró el mismo día que anunció su marcha, el pasado 26 de marzo. Ese día, el centro tecnológico, una referencia inédita hasta ahora en el sistema nacional de salud, sorprendió por la calidad de su equipamiento con robots de aspecto y respuestas casi humanas para la formación de facultativos de toda España.

Ese centro forma parte de su legado funcional junto a huellas más inusuales. Como los proyectos para hacer del coruñés un hospital solidario o programas de menor impacto generalizado, pero de significación individual, y representativos de una concepción de la salud más allá del cuerpo y más cerca de la persona. Como el programa para resolver las lipodistrofias a los enfermos de sida.

No olvidó Buitrón la pelea de las listas de espera, insistiendo en la relevancia de jerarquizar para evitar retrasos en lo realmente urgente y hablando, casi por primera vez, no solo de la cirugía, sino de la incertidumbre y la angustia del que espera consultas y pruebas para ser diagnosticado. Con él en la gerencia se pusieron en marcha iniciativas para tratar de acortar pasos, como las consultas de alta resolución, muy ligadas también a la urgencia. Su compromiso pasaba por sumar esfuerzos y coordinar, e inició la integración del Centro Oncológico, dio la bienvenida a los estudiantes de Medicina de Santiago y aplaudió todos los puentes con los médicos de primaria... Fuera de lugar si se marcan distancias, apostó por la proximidad y el diálogo y marcó diferencias con su hacer cercano, afable y de puertas, mirada y manos abiertas.