La «chave» de Javier Losada

A CORUÑA

Si los coruñeses votaron el pasado domingo pensando en la Xunta, tal y como afirmó el viernes el alcalde, Javier Losada, o en otras cuestiones, no lo sabremos hasta dentro de dos años, los que restan para la celebración de las elecciones municipales. Y si su percepción de que el pacto en A Coruña «funciona bien», en la que coincide con su socio de gobierno, Henrique Tello, es la misma percepción que tienen la inmensa mayoría de los coruñeses -las claves eran el empleo, el bienestar social y la mejora del tráfico-, lo sabremos también en esas mismas fechas. Mientras tanto, todo serán quinielas. No sabemos si el alcalde es tan buen jugador de mus como estilo muestra a la hora de jugar a la chave, pero su decisión de mantener el pacto con los nacionalistas, viendo como les ha ido a sus compañeros en O Hórreo, es, hablando en términos musísticos, un órdago a la grande.

Es cierto que los resultados en las autonómicas no son extrapolables al cien por cien, pero también es verdad que en el 2011 difícilmente se producirá el fenómeno que se producía antaño: miles de personas que votaban a Manuel Fraga cedían su apoyo a Francisco Vázquez en las municipales, pero no hay que olvidar que Vázquez representaba, más aún que el PP, el azote del nacionalismo. Además, simbolizaba algo que no es patrimonio ni de derechas ni de izquierdas: el coruñesismo, del que Losada tendría que ser heredero natural. Así las cosas, ¿confiarán quienes el domingo apoyaron masivamente a Feijoo en un gobierno local liderado por el alcalde pensando en que quizás tenga que volver a pactar con Tello, o con el sucesor de Tello?

Extrapolaciones o no, está claro que la derrota del domingo ha sembrado dudas en los dos partidos del bipartito local. En el PSOE, porque cada vez son más las voces, y más autorizadas -a la postura de Vázquez se han unido, con el viento soplando a favor, Blanco y Méndez Romeu- que reniegan de una alianza con una formación que, una vez alcanzado el poder, le cogió excesivo cariño al despacho y se centró en la defensa de una normalización lingüística que han convertido en eufemismo atroz.

El digno trabajo de algún edil nacionalista no logra disimular las continuas meteduras de pata de Ermitas Valencia, que en una huida hacia adelante se ha lanzado a descalificar a sus vecinos, o el gafe que rodea al área que gestiona Henrique Tello, quien ha fracasado en varios de los cometidos que le encomendó Losada, como la promoción turística, el impulso del pequeño comercio o el desembarco de nuevas compañías aéreas, por no hablar de su nada clara defensa de la ampliación de Alvedro.

Los nacionalistas también han hecho su particular análisis del 1-M, y le han visto las orejas al lobo: ¿A dónde vamos si Losada nos da la patada? Alguno, a la cola del paro. Son las consecuencias de pensar más en unas siglas que en una ciudad. ¿Habrán caído ya en la cuenta?

Haciendo, en efecto, honor a la palabra que dio en el 2007, Losada se ha propuesto mantener el pacto hasta el 2011, rehuyendo también los supuestos cantos de sirena del líder de la oposición, Carlos Negreira, quien le ha animado en repetidas ocasiones a gobernar en minoría. El alcalde habrá hecho sus cálculos, y habrá llegado a la conclusión de que esta invitación tendría más peajes para el gobierno de la ciudad -porque de eso se trata, ¿no?- que la coalición con el BNG. Toca, ahora, demostrarlo. Pero, desde luego, nada explica que se haya despachado con un «son fruto de una joven que tiene opiniones distintas» los gruesos argumentos de Valencia a favor del botellón en los jardines de Méndez Núñez. Mirar para otro lado es precisamente lo que le costó a Touriño el Gobierno de la Xunta...

Tras la caída en 1996 del vertedero de Bens, el entonces concejal de Medio Ambiente, Pedro Vasco, exclamó un «no hay mal que por bien no venga». Obviamente, se refería a la fulgurante conversión del Ayuntamiento al ecologismo. La derrota de Touriño y de Quintana, propiciada por este último, pues muchos huyeron de la papeleta socialista porque no querían ni en pintura otros cuatro años de bipartito, puede significar sorprendentemente para Losada lo que para Vázquez supuso el derrumbe del vertedero. Con Feijoo ahora en la Xunta, recae en uno de sus hombres fuertes, Carlos Negreira, la responsabilidad de que se aceleren proyectos vitales como la tercera ronda, la vía Ártabra, el ofimático o el polígono de Morás; y de iniciar otros atascados, como la regeneración de la ría. Lo que para Negreira es un compromiso, para el alcalde puede suponer una liberación. Poco gusta a los coruñeses tanto como que su ciudad llegue con voz propia a todas las instituciones. Y es Losada el que ahora tiene la llave, la chave, o the key de cómo sonará esa voz en los próximos dos años. De él depende que Zapatero se vaya de rositas o no después de prometer por enésima vez la ampliación de Alvedro, o de que una edila de apellido Valencia pueda acabar haciéndole sentir como se sintió Djukic el día en que marró el penalti.