El lado más tierno del entroido

A CORUÑA

El concurso infantil de disfraces reunió en la carpa de los jardines de Méndez Núñez a casi un centenar de participantes. Una misma familia logró tres de los premios

23 feb 2009 . Actualizado a las 16:01 h.

Es difícil saber quién tiene más nervios, si los niños participantes en los concursos de disfraces o sus padres. En el caso de María José Valiño no cabe duda que la balanza se inclina por la segunda opción. No solo concurrían sus hijos y sobrinos con claras aspiraciones de victoria, sino que lo hacían con una serie de ingeniosos diseños hechos por ella. Cuando el presentador indicó que Francisco y Ainhoa eran los ganadores del concurso infantil de disfraces en la categoría de grupos, el salto fue de los de un par de palmos sobre el nivel del suelo.

Ainhoa y Francisco iban de carta y buzón de correos, respectivamente. La carta indicaba en el destino Carnaval de A Coruña y, como se pudo ver, llegó por la puerta grande. Un vale por valor de 250 euros fue el premio. Un poco más abajo, en el segundo y tercer puesto de la categoría individual, quedaron Desiré y Yaiza, también del clan familiar de los Valiño, y enfundadas ambas con disfraces tan insólitos como carrete de hilo y candelabro. Solo Lis Larios la pudo superar: su precioso disfraz de hada del bosque, de elaboradas formas naturalistas, encandiló al jurado.

Pero más allá de los premios -ya se sabe que lo importante es participar y, en casos como este, más-, el ambiente que se vivió en la carpa de los jardines de Méndez Núñez fue el del entroido en su versión más tierna, inocente y emotiva. El de esos niños que por unos días se convierten en Batman, en una princesa oriental o una sirena. Ajenos a la competitividad adulta, los niños se dejaron caer por el tobogán de la fantasía y crearon imágenes que invitaban a la sonrisa más cómplice. Un Spiderman en una motocicleta a pedales, una Blancanieves con zapatos de sevillana y una Pipi Calzaslargas que irrumpía a golpe de volteretas laterales.

Los que más suspiros levantaron, sin duda, fueron los pequeños. En especial un bebé de unos meses, que sus padres apuntaron al concurso, como una encantadora crisálida que enseñaba su forma mariposa multicolor. Despertó el aplauso cómplice de un público que, en su lado más adulto, inevitablemente pensó en los días en los que ellos eran los reyes de la fiesta.