Diego García, un granadino de 35 años y vecino de Moruxo, fue atacado el pasado martes por dos perros cuando paseaba con sus dos mascotas en las inmediaciones de la playa de Fiobre (Bergondo), junto al puente de O Pedrido. El más pequeño de los animales que portaba con una correa, un pequinés de unos siete kilos llamado Atila , acabó completamente destrozado entre las fauces de un pastor alemán y un labrador, ambos pertenecientes al propietario de un restaurante próximo y que aseguró que se habían escapado.
Una vez comprobado que nada podía hacer por salvar al pequinés, Diego y su otro perro, una cocker llamada Tita , huyeron buscando refugio en el Centro de Promoción de la Autonomía Personal de Bergondo, lugar donde el joven trabaja como auxiliar de enfermería. «Cogí a la perra sobre los hombros y corrí hacia el centro, pero los perros me fueron atacando», señala Diego, que sufrió un fuerte arañazo en la pierna izquierda. Cansado por la tensa carrera, cerca de la puerta de entrada del centro de recuperación de discapacitados se encontró con uno de los usuarios, Luis Miguel Bardanca. «Entonces le pasé a él la perra, la coloqué detrás de él mientras yo intentaba hacer frente a los perros, pero éstos comenzaron a morderle en las piernas aunque en una zona protegida con una prótesis». Tras un rato merodeando por el aparcamiento del centro, apareció una empleada del restaurante para llevarse a los dos perros. Entonces, Diego y Luis Miguel acudieron a la Guardia Civil de Sada para poner la denuncia, además de obtener un parte de lesiones en el ambulatorio de la misma localidad.
«Es increíble la impotencia de ver que te están matando un perro y no puedes hacer nada -indicaba ayer Diego-; ésta es una zona muy concurrida de gente mayor o incluso niños y esos perros no deberían andar sueltos, espero que los pongan fuera de circulación».
Pero, casualmente, en la noche del miércoles los dueños del restaurante se encontraron con la desagradable sorpresa de que su pastor alemán aparecía muerto, ahorcado por su propia cadena ante la caseta en la que se guarecía. La causa parece fortuita ya que el animal, atado, debió de saltar un desnivel más largo que la longitud de la cadena y quedó colgado. El propietario intenta digerir las dos noticias que se sucedieron tan rápido, el ataque de sus perros y la muerte de uno de ellos. «Se escaparon e hicieron lo que hicieron, no lo puedo negar, pero si fueron hacia allí estoy seguro de que es porque había otros perros sueltos en la zona», apuntó el dueño del negocio hostelero, extrañado por los ataques de sus perros a Diego y a Luis Miguel. «Siempre han estado entre personas y nunca habían hecho algo así, de hecho el labrador apenas tiene un año y es muy pacífico», explicó.