Derriban el tapón de la Falperra

A CORUÑA

El alcalde reconoció que era un estorbo urbanístico «histórico» y algunos vecinos evocan un lugar donde presumían «de tener un cine con Óscar: era el dueño»

11 feb 2009 . Actualizado a las 13:26 h.

Un «tapón urbanístico histórico». Así había calificado hace unos meses el alcalde, Javier Losada, la situación de los edificios 33, 35, 37 y 41 de la calle Falperra, cuatro viejas edificaciones para las que los vecinos llevan años solicitando su demolición. Esta petición se hizo realidad ayer, cuando prácticamente los cuatro inmuebles fueron demolidos, en una actuación que había contratado el Ayuntamiento coruñés a finales del año pasado.

«¡Mira! Tiraron un trozo del mural», comentaba un joven a primera hora de la tarde de ayer viendo la marcha de las obras, para las que fue necesario cortar el tráfico; esta medida provocó algunas retenciones en la subida por la calle de la Falperra, puesto que al llegar a la zona de los derribos los vehículos, en teoría solo los residentes en la calle Sinforiano López, eran desviados hacia este vial.

El deterioro de estas viviendas era tal que los encargados de la demolición se limitaron a retirar los escasos elementos que quedaban en los tejados de los mismos, alguno prácticamente no tenía ni techumbre, y mover con una pala las paredes, que caían con enorme facilidad.

El próximo mes de mayo se cumplirán dos años desde que una comisión de gobierno del Ayuntamiento coruñés había aprobado el plan de reparcelación de este barrio que, según los responsables municipales, permitiría ganar 445 metros cuadrados para vías públicas. La eliminación de este tapón urbanístico formaba parte de dicho plan y de hecho la calle ganará amplitud con este derribo.

Francisco Nieves Pardeiro, nacido y criado en este barrio del Gurugú, comentaba ayer sobre los inmuebles derribados: «Cuando era joven yo recuerdo que esas casas ya eran viejas». Este es uno de los organizadores de la comida bianual que desde 1963 celebran los amigos del Gurugú, un encuentro que comenzó con unas 30 personas y el año pasado fueron invitados 318, tanto de la ciudad como de lugares que van de Málaga a Nueva Jersey, pasando por Lugo, Pamplona o Madrid.

Nieves evoca que en la explanada previa a los cuatro edificios derribados estaba, a mediados del siglo pasado, «el lavadero, que era bastante grande y la ropa la tendían en la parte que da a la Ronda de Nelle».

Pasadas las casas ahora derribadas estaba el cine España, en una época en la que casi todos los barrios tenían cine. «Nosotros presumíamos -recuerda divertido Francisco Nieves- de que nuestro cine tenía un Óscar: era el dueño, que se llamaba Óscar Francesch». Este vecino recuerda decenas de detalles de un barrio donde los pequeños iban al colegio Europa, que «era muy grande y estaban separados las niñas y los niños», y camino del mismo estaba el ultramarinos Rilo, «que era un delantero del Fabril muy bueno», o la cafetería Galatea. La fábrica de cerillas, «donde trabajaba mucha gente» o «el campo de la señora Lola, que tenía muchas gallinas y un carnero, que parecía un toro, al que le llamábamos la Chatolas», son otros recuerdos.