Del frustrado plan Bofill, de estilo griego, al rechazo del premio Pritzker Jean Nouvel

La Voz

A CORUÑA

01 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

En 1987, el Ayuntamiento pagó diez millones de pesetas a Ricardo Bofill para que diseñase la reforma del litoral entre la Marina y el Orzán. El proyecto recibió numerosas críticas. Estéticamente, tenía mucho más que ver con Grecia que con Roma. Nunca se ejecutó, pero el ex alcalde Francisco Vázquez siempre ha dicho que aquella inversión fue rentable, pues se plantó con los planos en Madrid a pedir dinero, y aquella idea frustrada fue la rampa de lanzamiento para la construcción del paseo marítimo que ahora lleva su nombre.

Los planos de Bofill implicaban el derribo del entonces llamado hotel Finisterre (hoy Hesperia Finisterre) y de La Solana, de los colegios Sanjurjo de Carricarte y Víctor López Seoane, de la cárcel de la Torre, del edificio de la Cruz Roja en Zalaeta y de más de mil viviendas en Orillamar, San Amaro, As Lagoas y Zalaeta. Además, imposibilitaba la construcción del muelle de Trasatlánticos. Curiosamente, Bofill y Portela fueron años después los arquitectos de Palexco y del Puerto de Ocio, que se construyeron en esa zona portuaria y que fueron inaugurados en el 2005.

Al concurso de Palexco y el Palacio de Congresos se presentaron tres ofertas. Una de ellas, bajo el nombre de El Muelle, la firmaba Jean Nouvel, premio Pritzker (el Nobel de la arquitectura) en el 2008.

La propuesta de Nouvel alcanzaba los 40 metros de altura, pero empezaba aproximadamente a los 20, dejando bajo la estructura una gigantesca plaza pública. Se criticó su altura, a lo que Nouvel respondió así: «Si lo llego a hacer bajo, al puerto llegarían barcos más altos que el edificio». Vázquez había declarado antes del concurso que en ese solar veía «una ópera de Sidney o un Guggenheim de Bilbao». El edificio de Nouvel habría sido emblemático, como pretendía el ex alcalde, pero fue rechazado.