Pese a que ya han pasado siete días del temporal, las consecuencias destructivas de este siguen manifestándose en lugares como Penamoa, San Pantaleón o Culleredo
30 ene 2009 . Actualizado a las 12:33 h.No es la primera vez que, dadas sus pésimas infraestructuras, los quiebros meteorológicos siembran el desconcierto en Penamoa. Sin embargo, los residentes afirman que no se recuerda algo como lo del viernes. Constantino Valeiras, vive en una de esas chabolas de maderas remendadas. Construidas con más ingenio y espíritu de supervivencia que con planos arquitectónicos que atienden a las leyes de la física, en ella reside su mujer, Rosa, y sus dos niños, de 8 y 4 años. Ahora, en vez de dormir en la chabola, lo tienen que hacer en el coche, un Opel Astra. ¿El motivo? Los vientos huracanados que trajo Klaus se llevaron por delante el tejado de su vivienda. A día de hoy, siguen sin poder pasar la noche allí, al colarse el frío y la lluvia.
Constantino recuerda cómo vivieron la secuencia: «Estábamos en casa resguardados del frío y la lluvia cuando llegó la noche. Soplaba el viento muy fuerte y, dentro de la casa, se podía escuchar cómo silbaba y sentir cómo se movían las paredes». El problema se produjo cuando esos violentos zarandeos y crujidos que amenazaban la estructura de la infravivienda se transformaron en algo mucho más serio. «Se levantó todo el tejado de golpe y, con él, voló de todo, incluso una de las paredes de la parte de atrás de la chabola», recuerda.
El caso de esta familia no fue lo único dramático: «Allí voló de todo, tejas, paredes, cristales, de todo lo que se pueda imaginar. Casi todo el mundo en el poblado tuvo daños y el tiempo que ha hecho no ha dejado que se pudiera arreglar nada».