Un matrimonio de Oza dos Ríos sobrevive cuatro días entre velas, jugando al ajedrez y duchándose en casas de amigos
28 ene 2009 . Actualizado a las 11:37 h.La casa de Carlos y Mónica apenas está acabada. Llevan poco más de un año aderezando esta coqueta vivienda de la parroquia de Burricios, en Oza dos Ríos. Sobre la mesilla del salón, lo más usado en las últimas horas: un ajedrez, un parchís, decenas de velas sobre platos, un recibo de Fenosa bastante manoseado y una radio a pilas, lo último que ha entrado en este frío hogar cuyo termostato marca doce grados. «Necesitábamos algo de ruido en el ambiente y compramos esta radio», señala Carlos Serantes, agente forestal de la Consellería de Medio Ambiente. Al fondo, en la estantería, descansa una radio mejor pero inútil desde el pasado viernes, cuando el temporal se llevó casi toda las energías de la casa.
Así, el primer truco es entrar y salir muy rápido del inmueble. Mónica recibe a La Voz con la puerta entornada. «Pasad rápido, que se va el poco calor que tenemos», indica.
En el pasillo principal, varios bidones de agua recogida en fuentes. «Dependemos de un pozo con motor y sin electricidad...», dice Carlos con resignación.
El tono pasa entonces a enfado cuando toca hablar de Fenosa y las relaciones telefónicas. No siempre hubo posibilidad de pataleta «porque el sábado y el domingo ni Movistar ni Vodafone tenían cobertura, y el fijo tampoco funcionaba». No obstante, cuando lograron línea y comunicación, Fenosa no les dio ni consuelo, como recuerda Mónica: «Un chico me dijo que él solo era un paraguas y que era imposible que pudiéramos hablar con un coordinador, es un asunto que huele bastante mal».
Olor en la nevera
Donde tampoco huele precisamente bien es en la cocina, ya que la nevera comienza a desprender las consecuencias de la falta de energía eléctrica. «Y eso que ya nos hemos desprendido de dos pollos, un conejo, almejas, gambas, repollos, corderos y cigalas», explica la mujer, que extrae un nuevo truco en casos de apagones: «La aseguradora nos exige ahora las facturas de las compras así como el material que hemos tirado, y nos parece bastante indignante».
Mónica estuvo obligada a permanecer en la casa por culpa del cierre eléctrico: «Tengo una enfermedad -síndrome de hiperlaxitud articular- que me impide hacer esfuerzos así que, como él estaba fuera trabajando, yo no podía moverme de aquí para no dejar el cierre abierto». Y las consecuencias van más allá porque «al no poder ducharme no puedo ir al fisioterapeuta para el tratamiento». Después de tres meses de espera, Mónica Boedo, ex trabajadora de Atento, tenía una cita con un especialista en A Coruña «y tuve que cancelarla». Por su parte, Carlos ha optado por acudir a la casa de unos amigos para ducharse y seguir desempeñando una labor «ante la gente».
La huelga eléctrica tampoco ha permitido a Mónica disfrutar de la lectura, una de sus mayores pasiones, «porque en la luz de las velas te puedes dejar la vista». Así que ha optado por aprender a jugar al ajedrez.
En mitad de la conversación, la luz regresa. Hoy dejarán el ajedrez a un lado para redescubrir la televisión. Y a una temperatura superior a doce grados.