Un vendaval con precedentes

Carlos Fernández

A CORUÑA

«Hortensia», «Bonnie», «Kyle» y otros restos de ciclones se sintieron en nuestra costa en los últimos años

25 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Suelen aparecer en la costa coruñesa entre agosto y noviembre. Son los restos de los ciclones tropicales que tras pasar cerca de la península de Florida, en Estados Unidos, recurvan en cabo Hatteras y, convertidos en una borrasca, aunque sin frentes (caliente y frío), llegan a Europa.

Algunos causan serios problemas, como el famoso Hortensia que, a primeros de octubre de 1984, recaló en la costa gallega. La prensa anunció el suceso y se decía que los restos de este ciclón tropical se acercaban a nuestras aguas con vientos entre 75 y 85 kilómetros por hora.

Después, la intensidad fue bastante mayor, pues los vientos alcanzaron rachas, en Ferrol especialmente, de hasta 160 kilómetros hora (fuerza 2 de la actual escala de Saffir-Simpson). Las principales víctimas fueron los árboles (los que no caían se quedaban secos), postes de los tendidos eléctricos y telefónicos, vallas anunciadoras y chabolas, así como otras construcciones endebles.

En A Coruña murió un hombre, José Garrido, que fue golpeado por una teja cuando pasaba por la calle Justicia; se derrumbó una casa en la calle Panaderas; sufrió daños la cúpula del Palacete de Santa Margarita, la techumbre del cine Goya, los locales de Protección Civil, un muro del Matadero y del polideportivo de los Salesianos. Las pérdidas en toda la provincia se calcularon en 5.000 millones de pesetas. Once colegios no abrieron ese día, varios barcos rompieron sus amarras y sufrieron diversas abolladuras, a causa del mar de fondo generado; hubo algunas personas mayores que se arriesgaron a salir y se agarraban a las farolas, no soltándose hasta que llegaban los de Protección Civil. El paso del ciclón fue, asimismo, una de las primeras pruebas de fuego para el nuevo alcalde Francisco Vázquez (solo llevaba un año y cinco meses en el cargo). Al final, el regidor declaró orgulloso: «El Ayuntamiento coruñés funcionó como un Estado en pequeño».

A mediados del mes siguiente al del paso del Hortensia , llegó otro resto de ciclón, el Klaus , aunque este se fue hacia el norte y sus efectos se sintieron menos, destacando una pronunciada mar de fondo que hizo las delicias de los practicantes del surf. A mediados de septiembre de 1997, los restos del Erika se encontraban entra Azores y Lisboa, dando el servicio meteorológico vientos de 120 kilómetros por hora, acompañados de fuertes lluvias, pero se desvió hacia el nordeste. Otro susto fue a primeros de septiembre de 1998 con el Bonnie que, tras pasar cerca de las Azores, se presentó a unas 300 millas al oeste de Oporto, pero una baja presión de origen térmico, situada en el centro de la península, le ayudó a seguir un rumbo nordeste y no entrar, como el Hortensia , por la costa gallega. La Voz, no obstante, lo anunció en su primera página, aunque sin grandes caracteres, pues la presión en su centro era de 1.000 milibares, mientras los vientos esperados alcanzarían los 75 kilómetros por hora.

En la segunda quincena de octubre de 2002, los restos del Kyle llegaron a la costa coruñesa, pero los vientos no pasaron de 80 kilómetros por hora. Hubo, sin embargo, un inusual ascenso de las temperaturas, pues de madrugada, en algunos puntos se alcanzaron más de 25 grados.