Una ciudad diseñada en el medio de dos fachadas aireadas y con modelos antiguos de edificación
A CORUÑA
El pasado viernes la velocidad del viento fue extraordinaria, algo para lo que la ciudad no está acostumbrada. Ni diseñada, a pesar de que las corrientes de aire juegan su baza histórica y se intentó configurar una ciudad levantada en un istmo, y que, para ser habitada, trató de hacer un hueco de calma chicha entre dos fachadas aireadas, aun a costa de renunciar a dar la cara a las vistas.
Cuentan los entendidos que las fachadas norte, supuestamente las más frías, son buenas para salas de trabajo y para colocar la cocina, las este o nordeste para las estancias destinadas a dormitorios y las del sur para cuartos de estar y salones, al ser los espacios en donde se pasa más horas a lo largo del día y en donde se busca más contar con una buena temperatura. Pero el salvaje urbanismo de los años setenta hizo de su capa un sayo. Por eso las antenas de televisión vuelan, caen cascotes y ventanas y el frío cala huesos de muchos de los residentes.