Papel carbón tapaba la cocaína para eludir los escáneres

La Voz

A CORUÑA

Buena parte del desarrollo de la operación tuvo lugar en A Coruña y Culleredo. El martes los agentes lucenses, con el apoyo de varios de la comandancia coruñesa, entraron en la nave industrial de la empresa a la que iba la cocaína. Asimismo, registraron las oficinas de la firma, un negocio de informática que acabó siendo precintado y cinco domicilios. La operación no está cerrada definitivamente. Continúan las pesquisas y es posible que en los próximos días haya más detenidos.

Esta es la primera organización a gran escala con base en Lugo que es desmantelada por la Guardia Civil en una operación cuya ejecución resultó muy compleja. Como ejemplo del máximo control con que trabajaba el grupo está el hecho de que las referencias de los albaranes de envíos estaban codificadas, lo mismo que los números de teléfono de los que habitualmente hacían uso.

Los integrantes de la organización lo tenían todo perfectamente estudiado. Los que estaban en el otro lado, que por ahora no cayeron en manos de las fuerzas de seguridad, se encargaban de que los envíos no levantaran ni la más mínima sospecha. Después de meter la droga dentro de los engranajes, los cerraban y los sellaban con una especie de silicona. Seguidamente envolvían la pieza en una especie de cámara confeccionada con un material similar al papel carbón con la finalidad de hacer opaca la droga en el momento de pasar el paquete por los escáneres de los aeropuertos. Metían todo en cajas de madera, las empaquetaban y posteriormente llamaban a la empresa de transportes que se ocupaba del resto. Los exportadores enviaban a la organización de Lugo antes del paquete las llaves especiales para abrir los engranajes. El pasado martes, una comisión judicial abrió los tres paquetes que componían el envío.

Una vez desmontadas las ruedas dentadas apareció la cocaína que tendría en el mercado un valor de 479.220 euros. Dice la versión oficial de la operación que la ingeniería del método de ocultación obligó a que la retirada de la sustancia estupefaciente se demorara durante varias horas. Sin las llaves sería imposible la apertura de los mecanismos. A esta red le atribuyen un envío intervenido en Argentina con un peso de 13,6 kilos.