La huella de la batalla de Elviña

F.?M.

A CORUÑA

Placas, monumentos y restos históricos perduran en la ciudad como rastro indeleble de la contienda

16 ene 2009 . Actualizado a las 13:39 h.

Califican los historiadores y estudiosos de la Guerra de la Independencia a la batalla de Elviña -de la que hoy se celebra el bicentenario- como una contienda singular. Dos ejércitos foráneos luchando en territorio español. Uno, el inglés, con la mirada puesta en la retirada y el otro, el francés, con el objetivo de acelerar esta huida. Una batalla sin victoria. O, mejor dicho, con dos vencedores. 200 años después, la huella de aquella batalla sigue presente en la ciudad. De hecho, mañana se inaugura una red que señalizará los puntos de interés turístico que guardan relación con el paso de los ejércitos inglés y francés por A Coruña, que incluyen el mausoleo del jardín de San Carlos o la placa conmemorativa situada en el Cantón Grande.

La propia ciudad, desde Santa Margarita, donde se apostaron en principio las tropas inglesas, hasta el puerto, desde donde partieron los buques hacia Inglaterra en retirada, es todo un recuerdo de aquellos hechos. Empezando, por supuesto, por Elviña, el auténtico campo de batalla, donde todavía permanece la iglesia de San Vicente, testigo de los enfrentamientos, que cuenta junto a su crucero con una placa por los caídos. Cerca, en el actual campus universitario, se encuentra un monumento que recoge el texto que el mariscal francés Soult mandó grabar después de la batalla, como reconocimiento al valor demostrado por el inglés, Sir John Moore. Este grabado desapareció, pero fue reproducido en un nuevo monolito inaugurado en 1998, en el que pueden leerse las palabras que Soult dedicó a su rival: «Hic occidit Johanes Moore dux exercitus anglicae in pugna januari XVI 1809 contra gallos a duce dalmatiae ductos». Este monolito se suma a las placas conmemorativas situadas en la peña del Galiacho, en la falda de la Zapateira, una de las cuales fue descubierta por el Príncipe de Gales en 1931.

El paso de las tropas de Moore tuvo como consecuencia la voladura del puente de O Burgo tras atravesarlo, para frenar a los franceses. De su entrada en la ciudad fue testigo el puente de la calle Río de Monelos, que todavía se conserva, y que fue cruzado por los desgastados soldados. Más ocultos permanecen los restos de la muralla y la puerta de la ciudad en la plaza de Mina y Juana de Vega, cuyas llaves llevó hasta tierras británicas el capitán Fletcher tras cerrar para impedir que entrasen los franceses. Las originales siguen en un castillo de Gales, pero una réplica de estas se encuentra en el Museo Militar, donde también se conservan cuatro cañones, balas encadenadas, una espada y cerámica diversa, hallado todo en el fondo de la bahía coruñesa, frente al castillo de San Antón, donde permanecen tres barcos ingleses -hundidos por el fuego francés proveniente del desaparecido castillo de San Diego cuando emprendían su huida- esperando a que se descubran los tesoros que sin duda guardan en su interior.