Hay nevadas que cogen por sorpresa, como la del viernes, y hay otras que descargan tanto y durante tanto tiempo, que llegan a pasar desapercibidas. Desde hace años la ciudad vive intensas nevadas de coches en doble fila. Si miramos la foto de la derecha podríamos pensar que es un juego, al estilo del de las sillas, pero con ruedas, en las que siempre hay más jugadores que taburetes, para que el menos ágil se quede sin sitio. Pero no es un juego. Es la incómoda estampa de una calle de la ciudad elegida al azar. Es cualquier vía de A Coruña en el momento del desayuno, a la hora de comer, por la tarde o a la hora de la cena. Dicen que aquí la doble fila se practica tanto que debería ser deporte o incluirse en el catálogo de elementos protegidos del PGOM junto a los árboles de la plaza de las Bárbaras, las galerías de la Marina o el empedrado de la Ciudad Vieja.
Exageración o no, lo cierto es que ocho de los vehículos que aparecen en la imagen están incumpliendo el artículo 43.3 de la ordenanza de circulación que consta de seis palabras en un volumen que suma 46 páginas. Dice así: «Queda prohibido estacionar en doble fila». Nada recoge, por cierto, la ordenanza, sobre el derecho de todo conductor a disponer de un aparcamiento digno. Quizás sea un despiste de la norma, que fue aprobada inicialmente el 10 de marzo del año 2003. El caso es que, como no se presentaron alegaciones, el documento fue publicado en el boletín correspondiente y su aprobación definitiva data del 27 de mayo del mismo año. ¿Qué hacen los propietarios de estos coches de la imagen? Quizás toman café, sellan la Primitiva o realizan una gestión en el banco de al lado mientras sus vehículos descansan en doble fila porque, total, son cinco minutitos de nada...
El Ayuntamiento ha anunciado en repetidas ocasiones mano dura contra los doblefileros, que se han convertido en una plaga como la de los cangrejos americanos de Cecebre. El presupuesto de este año incluye, en el apartado ingresos, una previsión de incremento del 10% en multas, que contrasta con un descenso de, por ejemplo, el dinero que se obtendrá por licencias urbanísticas. Más de la mitad de esas multas -que superan el millón y medio de euros- lo serán por aparcar en doble fila. Además, ha puesto a circular un multamóvil. ¿Se trata de medidas meramente recaudatorias o estamos intentando resolver un problema?
No se trata aquí de disculpar a quien aparca en doble fila. La ley es la ley y es intolerable hacerle la pascua a quien estaciona bien su coche, al que solo queda el recurso de hacer sonar el claxon (molesto, pero a veces necesario) para librarse del doblefilero. Aunque es cierto que cada vez hay más vehículos -por los que, por cierto, hay que abonar un impuesto de circulación- y las calles no estiran como el chicle, habría que combinar esas medidas disuasorias con la potenciación de un transporte público de verdad eficaz, sanear las calles de contenedores -algo anunciado hace años, y nunca ejecutado-, planificar barrios pensando en que la gente suele tener coche o llevar a cabo una política de construcción de párkings que, al margen del concesionario, piense también en el cliente. De lo contrario, seguiremos soportando estas copiosas nevadas de vehículos en doble fila que, ayer mismo se pudo comprobar, no se derriten por mucho que brille el sol.