El intelectual se encontró, después de medio siglo, con Hilario A. Paradela, uno de los primeros trabajadores de O Castro
30 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.«Homenaxe a D. Isaac». Esto decían los indicadores de madera. Llevaban hasta el campo da festa de O Castro, en Sada. «¡Qué frío fai!». Era ayer la frase más repetida. Los organizadores se cobijaban en una amplia carpa, al final de la cual había un estrado donde saltaban unos críos. Alrededor de la una de la tarde, otra granizada y gorros calados, hasta detrás de la barra del bar. Los componentes de los grupos folclóricos A Meda, de O Castro, y Os Biosbardos de Meirás, afinaban sus gaitas. Los más madrugadores de los 300 comensales iban llegando. Un abuelo, apoyado en su bastón, lucía una llamativa sudadera con un lema: Arrancapinos do Castro. Poco antes de las dos, llamada a arrebato entre la organización: «Aquí o que manda é Santiago; si hai indicacións contradictorias facédelle caso a él», apuntaba uno de ellos. Minutos antes habían entrado, desfilando, los dos grupos folclóricos.
Algunos acompañaban la espera con cerveza, con la música y el baile de A Meda al fondo. De la oferta del bar casi apetecía más el chupito, 1,5 euros, o el café, 70 céntimos. Y, a las dos de la tarde, llegó el homenajeado: Isaac Díaz Pardo. Entró en la carpa mientras sonaba el pasodoble Carballeira. Entre los primeros que le saludaron estaba Hilario A. Fernández. Hacía más de medio siglo que no se habían visto. «Yo era uno de los trabajadores de cerámicas O Castro cuando empezó a funcionar; cocinaba las piezas por la noche, siempre trabajé de noche; estuve unos diez años, luego me marché a Venezuela y volví el año pasado», explicaba, mientras se tragaba un par de lágrimas de emoción que querían escaparse.
El 14 de enero de 1958 había llegado a Venezuela, recordaba, y desde entonces nunca vio a Díaz Pardo. Mientras tanto, llegaba el alcalde de Sada, Abel López, para acompañar al homenajeado. El fundador de cerámicas O Castro apuntaba, mientras se dirigía a la mesa presidencial, que el homenaje de ayer, que cerraba una semana de actos en su honor, era «porque xa vou vello e teñen medo que morra». Luego sacaba su cámara para hacerle fotos al grupo folclórico. Fuera, la humareda anunciaba la próxima salida del churrasco. Era la parte básica del menú, con los mejillones y los chupitos.