Sada: modernismo, mociones y cebollas

A CORUÑA

17 nov 2008 . Actualizado a las 12:13 h.

El edificio más bello de Sada... se construyó en A Coruña. La Terraza fue protagonista de un caso claro de transfuguismo urbanístico: viajó 19 kilómetros. En 1921, el inmueble modernista fue desmontado y trasladado a su actual ubicación en el paseo marítimo sadense. Allí podemos contemplar su extraordinaria arquitectura y su lamentable deterioro: la salitre, el paso del tiempo, la falta de mantenimiento, han convertido sus desconchados en un elemento tan visible como sus coloridas cristaleras. Los desvelos urbanísticos que son parte de la identidad del partido en que milita el alcalde, el BNG, no le han servido de mucho.

Esta es una de las paradojas de este municipio costero de 13.606 habitantes, donde la vida política es tan convulsa que habría que pasar Miño y Pontedeume y atravesar el puente das Pías para encontrar un caso similar. Curiosa, o también paradójicamente, los sadenses aman la política. Lo demuestran comicio tras comicio. En las últimas elecciones, el porcentaje de votantes en este Concello superó en 12 puntos al registrado en la metrópoli, A Coruña, y en 2 al conjunto de los municipios gallegos. Desde hace ocho años, en los bares se organizan porras políticas al estilo de las futbolísticas de otras localidades. Una muestra de que los sadenses apuestan por la cultura política frente a la cultura del pelotazo.

Pero su clase política se empeña en darle disgustos a la parroquia. En apenas cinco años se ha producido una moción de censura y varios amagos de moción, la última hace unos días. O quizás deberíamos decir la penúltima...

Los cargos electos que batallan en la Ayudantía, donde se celebran los plenos, han prometido o jurado su cargo para defender los intereses de sus vecinos, pero el caso es que existen sobrados precedentes para, al menos, mantener estas promesas en cuarentena. La tozuda realidad de Sada es que, en general, su clase política, que debería dar ejemplo, no ha conseguido, ni poniéndose de puntillas, estar a la altura de sus vecinos.

Desde el año 2003 se han producido varios casos de traición política. Quizás el transfuguismo de La Terraza creó escuela. Los más sonados los protagonizaron Elena Ramallo, ex edil del PP que luego se embarcaría en una aventura en solitario que duró cuatro años, y el ex socialista José Luis Santamaría, que se sienta estos días en el banquillo de la Audiencia Provincial por participar en una trama de expedición de recetas de proporciones bíblicas. En paralelo, Santamaría está siendo investigado por el fiscal por hacerse pasar por alcalde de la perla das Mariñas.

El gobierno, del BNG, coaligado con el PSOE pero en minoría, se ha visto sacudido por ciertos escándalos -el ya ex edil de Tráfico dimitió tras dar positivo en un control de alcoholemia-. Además, faltan consensos, aunque es cierto que el alcalde se enfrenta a demasiadas zancadillas para sacar adelante sus proyectos y ha puesto en marcha una necesaria campaña de limpieza que no es, precisamente, de residuos sólidos urbanos.

La atomización del voto ha provocado que un solo concejal -626 apoyos- tenga en su mano la llave de gobierno. El edil de ASU no tiene reparos en coquetear con unos y con otros. Los grandes partidos nacionales apenas tienen una presencia testimonial en el municipio, especialmente tras la expulsión del PP de todo el equipo de Ramón Rodríguez Ares. Entre ASU y el PSOE, que no levanta cabeza en la villa, el PDSP y los populares, que se ven tentados día sí y día también a incumplir el precepto de «que gobierne la lista más votada», la cosa política en Sada hace honor a uno de lo míticos eslóganes de Rodríguez Ares: Sada, qué pasada. El hombre que durante 25 años gobernó el municipio con una imagen de Francisco Franco en el despacho mata el tiempo cultivando cebollas convencido de que aún no ha pasado del todo su momento.

Con todo este lío montado, ningún vecino de Sada se acuesta pudiendo asegurar quién será su alcalde al día siguiente. Y poco se habla de lo verdaderamente importante: asfaltado, educación, servicios sociales... ¿La Terraza? ahí está, pueden verla: declarada monumento histórico artístico en 1975, y aguardando algo más que una mano de pintura.